REPORTAJES
NÚMERO 114 / MARZO / 2009
   ABUSAR DE LAS “BEBIDAS ENERGÉTICAS” ES PELIGROSO PARA LA SALUD

 

Un grupo de científicos de la Universidad Johns Hopkins liderado por Charles J. Reissig que acaba de finalizar una investigación sobre el consumo de las denominadas “bebidas energéticas” denuncia su ingesta abusiva así como el agresivo marketing que las presenta a los jóvenes como medios ideales para mejorar su rendimiento gracias a sus efectos estimulantes y psicoactivos. Lo cierto sin embargo es que son muy ricas en cafeína y ésta eleva la presión sanguínea y el ritmo cardiaco además de generar adicción y enmascarar los síntomas de una intoxicación etílica cuando se consume mezclada con alguna bebida alcohólica. El exceso de cafeína está dando lugar hoy a numerosos casos en jóvenes de nerviosismo, ansiedad, cansancio, insomnio, taquicardia, temblores y agitación psicomotora.

Las conocidas popularmente como bebidas energéticas gozan cada vez de mayor popularidad. Aunque aparecieron por primera vez en Asia en la década de los 60 del pasado siglo XX la introducción de la conocida marca Red Bull en Austria en 1987 y en Estados Unidos en 1997 desencadenó la reciente tendencia a una comercialización cada vez más agresiva de este tipo de bebidas -caracterizadas por su alto contenido en cafeína- entre los jóvenes. De hecho el número de bebidas energéticas ha crecido enormemente en los últimos años. Un simple ejemplo: sólo en el 2006 se lanzaron al mercado en el mundo cerca de ¡500 nuevas marcas! Y ese año el consumo aumentó un 17% respecto al año anterior hasta alcanzar casi 3.500 millones de litros. Siendo Tailandia el país donde mayor es el consumo por persona y Estados Unidos el de mayor volumen de ventas (según los datos publicados en el 2007 por la empresa Zenith Internacional). Por lo que respecta a Europa Occidental en el 2005 las ventas alcanzaron los 3.039 millones de euros siendo los tres mayores mercados Reino Unido, Alemania y España que, de forma conjunta, supusieron más de la mitad del total de Europa Occidental. En España cinco marcas lideran las ventas: Red Bull, Burn (Coca-Cola), Pink Fish (Schweppes), Toro XL (Osborne) y Shark. Aunque Red Bull logra aún más de la mitad de las ventas de toda Europa.
Como se ve, un negocio floreciente que responde a una demanda imparable hasta el punto de que para el 2010 se calcula que el consumo en Europa puede alcanzar una media de dos litros anuales por persona ya que en Estados Unidos es actualmente de tres litros, según datos de Zenith International. Y así, lo que originalmente fue concebido como un producto para personas con necesidad de aumentar su nivel de atención, concentración o reacción en un momento dado -estudiantes, conductores, profesores, deportistas, médicos, etc.- se ha convertido, como consecuencia de un agresivo marketing, en una bebida de uso corriente al alcance incluso de niños menores de edad. Y, sin embargo, su alto contenido en cafeína -que varía de una bebida a otra- implica un riesgo indudable para quien lo consume; sobre todo para los menores, las mujeres embarazadas y las personas sensibles a la cafeína. De hecho el contenido en cafeína de estas bebidas oscila entre los 50 y los 500 mg por lata o botella.
Ahora bien, aunque el principal ingrediente activo es la cafeína a las bebidas energéticas se les suele añadir vitaminas del grupo B -especialmente riboflavina, piridoxina y niacina o nicotinamida- además de taurina –un aminoácido- y glucuronolactona -un carbohidrato derivado de la glucosa (sobre cuya seguridad, por cierto,  hay estudios con animales pero no con humanos).
Hoy casi nadie sospecha que la cafeína es una droga que crea dependencia –señala el doctor Miguel Angel Pinillos, experto en Toxicología del servicio de Urgencias del Hospital de Navarra- y últimamente estamos viendo que se utiliza en bebidas energéticas que además de consumirse para hacer deporte se toman mezcladas con alcohol cuando uno va de juerga. Y, sin embargo, esa mezcla puede  provocar una intoxicación que, en función de la sensibilidad de cada persona, acabe provocando estados de ansiedad, nerviosismo y palpitaciones. Dos o tres latas de esas bebidas pueden producir una intoxicación por cafeína".
En suma, los jóvenes -y los no tan jóvenes- ignoran que consumir estas bebidas energéticas en demasía o mezcladas con alcohol puede tener serias consecuencias para la salud. Evidentemente se puede argumentar que el problema es de quien las bebe porque los fabricantes cumplen con la normativa que las regula -aun cuando a muchos expertos les parezca poco adecuada- pero la verdad es que éstos –que conocen los riesgos- deberían ser más claros y hacer en los envases advertencias o recomendaciones sobre su consumo. Sin embargo, en lugar de ello han desarrollado un agresivo y llamativo marketing de estética juvenil –spots, deportes, conciertos…- que nada tiene que ver con la idea inicial que subyacía en el origen de estas bebidas y que se ha diseñado para captar a jóvenes completamente desinformados sobre las posibles consecuencias de su uso continuado e indebido. Obviamente se abstienen de aconsejar beber varias latas seguidas o de recomendar mezclarlas con alcohol pero ésa es la realidad actual.
Hasta en las facultades universitarias de medio mundo las máquinas no cesan de expedir bebidas energéticas, sobre todo en época de exámenes. Son utilizadas como auténtico dopaje por los estudiantes que quieren así compensar la falta de horas de sueño. Y otro tanto pasa con los deportistas -incluso con los adolescentes de 14, 15 o 16 años- que hoy las utilizan habitualmente antes y después de los partidos o de la práctica de ejercicio físico intenso sin ser conscientes de sus riesgos. A pesar de que las bebidas refrescantes con cafeína no son hidratantes –más bien todo lo contrario- y por tanto no sirven para compensar las pérdidas de líquidos. Es más, se obvia que están consideradas sustancias dopantes por el Comité Olímpico Internacional. Y, lo que es más grave, que la mezcla de las bebidas energéticas con alcohol en las noches de los fines de semana comienza a ser una constante entre adolescentes y adultos.
Y eso que en algunos países europeos socialmente avanzados -como Dinamarca, Islandia y Noruega- su venta está ya prohibida por los riesgos que representa su consumo para la salud (en Francia, en cambio, se autorizó el año pasado). Y en Canadá se venden con una advertencia: “No se recomienda a los niños, a las mujeres embarazadas o lactantes y a las personas sensibles a la cafeína ni para ser mezclada con alcohol”.
Sin embargo –critica Pinillos-aquí estas bebidas se pueden comprar en cualquier tienda de chucherías. Y un menor acceder a ellas como si se tratase de un refresco cualquiera cuando no es así ya que contienen un porcentaje de cafeína alto. Para los chavales menores de 18 años las consecuencias pueden ser importantes porque al tener tanta cafeína –una lata de Red Bullcontiene aproximadamente la equivalente a dos tazas de café - puede haber sobredosis. Se debería evitar que los más jóvenes las consuman”.
En suma, mientras ríos y ríos de bebidas energéticas fluyen descontrolados por Europa van conociéndose nuevos estudios científicos que recomiendan restringir su consumo. Desde el 2001 –año en el que se produjeron las muertes de tres jóvenes que se relacionaron con estas bebidas- se hallan bajo el punto de mira crítico de los investigadores que no acaban de fiarse del uso que se les está dando y de su rápida expansión.

SOLAS, CON MODERACION Y NUNCA CON ALCOHOL

El último estudio es de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkinsde Baltimore (Maryland, EEUU) y ha sido elaborado por investigadores del Behavioral Pharmacology Research Unit (BPRU), centro internacionalmente reconocido por sus trabajos sobre el impacto de drogas y medicamentos psicoactivos que lleva décadas investigando los efectos de la cafeína. Claro que la situación en Estados Unidos es aún más complicada que en la Unión Europea ya que allí las bebidas energéticas no están obligadas a incluir en sus etiquetas la cafeína que llevan, algo que sí se debe reflejar aquí desde el 2004 aunque luego la realidad sea que las etiquetas ni las leen los consumidores ni se entienden. Porque, ¿de qué sirve que una lata de Red Bull ponga “Cafeína 0’03%” o que la de Toro XL diga “Cafeína 34 mg/100”? Legalmente cumplen la norma… pero poco más. Y, por cierto, no deja de ser significativo que en la web canadiense de Red Bull pueda leerse en el apartado correspondiente a los ingredientes del producto las cantidades exactas que lleva -Cafeína: 80 mg. Taurina: 1.000 mg- y que en la web española del mismo producto no se especifiquen.
"El contenido en cafeína de las bebidas energéticas varía –señala Roland Griffiths, uno de los autores del estudio Bebidas energéticas con cafeína.  Un problema creciente aparecido en la revista Drugand Alcohol Dependence-. Unas llegan a tener 10 veces más que otras y algunas contienen el equivalente a 14 latas de coca-colapero la cantidad de cafeína está a menudo sin especificar en la etiqueta y pocas incluyen advertencias sobre los posibles riesgos para la salud de intoxicación por cafeína”.
Tampoco las marcas de venta en España y la Unión Europea realizan ningún tipo de recomendación para la salud. Y los expertos consideran que sin un etiquetado claro y suficiente lo más probable es que los consumidores no se den cuenta de si están tomando poca o mucha cafeína. “Es como tomar un vaso de una bebida alcohólica -explica Griffiths-y no saber si es cerveza o whisky”. Según se detalla en el mencionado artículo existen ya informes en los centros de control de salud de Estados Unidos que reportan intoxicaciones por cafeína debido al consumo de bebidas energéticas.
Y si a alguien esto le parece un problema menor le diremos que la intoxicación por cafeína es un síndrome clínico reconocido e incluido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales y en la Clasificación Internacionalde Enfermedades de la Organización Mundialde la Salud (OMS) que se caracteriza por nerviosismo, ansiedad, inquietud, insomnio, malestar gastrointestinal, temblores, agitación psicomotora, taquicardias y arritmias cardíacas que en caso de complicación podrían, en casos extremos, llevar a la muerte.
Los autores del estudio apuntan que la primera preocupación se deriva de la cantidad de cafeína que los jóvenes pueden estar consumiendo día tras día sin control por el peligro de que pueda provocarles una intoxicación grave e, incluso, adicción. “A dosis altas –comenta el doctor Pinillos- la cafeína produce adicción; diferente a la del alcohol u otras drogas pero que, en cualquier caso, implica igualmente dependencia”.
La segunda preocupación que expresan los autores del estudio tiene que ver con la costumbre actual -cada vez más habitual entre los jóvenes- de cambiar las pistas deportivas por los locales de ocio para consumir estas bebidas mezclándolas con alcohol sin ser conscientes tampoco del riesgo que asumen al hacerlo.  “El alcohol añade otro nivel de peligro -cuenta Griffiths- porque la cafeína a altas dosis puede dar a los usuarios una falsa sensación de alerta que proporciona incentivos para conducir un automóvil o ponerse de cualquier otra manera en peligro".
El tercer motivo de preocupación reflejado por los investigadores de la Johns Hopkins tiene que ver con la posibilidad de que el consumo de estas bebidas acabe suponiendo un paso hacia otras sustancias estimulantes aún más lesivas. Griffiths señala en el artículo que la mayoría de las bebidas anuncian sus productos como potenciadores y estimulantes, una estrategia de marketing que puede acabar empujando a los jóvenes a abusar de otras sustancias estimulantes aún más fuertes como algunos medicamentos con receta, anfetaminas y metilfenidato. “Un estudio del 2008 entre 1.253 estudiantes universitarios –se dice en el estudio- encontró que el consumo de bebidas energéticas predijo de forma significativa el consumo posterior de estimulantes sin prescripción médica planteando así la preocupación de que puedan servir como ‘puerta de entrada’ al abuso de drogas más serias”.
Agregaremos que también en el 2008 investigadores del Instituto de Adicciones de la Universidad de Búfalo -sita en el estado de Nueva York (EEUU)- publicaban un trabajo titulado Bebidas energéticas, raza y conductas problemáticas entre los estudiantes universitarios según el cual la frecuencia en el consumo de bebidas energéticas se asoció con el uso de marihuana, la asunción de riesgos sexuales, peleas, no usar el cinturón de seguridad en el automóvil y la asunción de otros riesgos de forma más amplia que el conjunto de los universitarios. Siendo especialmente significativo que en el caso de los universitarios de raza blanca además se asociaba con problemas de alcohol y el uso ilícito de medicamentos con receta. “Estos hallazgos –señalaban en sus conclusiones los investigadores- sugieren que el consumo de bebidas energéticas está estrechamente asociado con un síndrome de problemas de comportamiento, especialmente entre los blancos. El consumo frecuente de bebidas energéticas puede servir como un indicador útil de detección para identificar a los estudiantes en riesgo de uso de sustancias y / o otros comportamientos que pongan en riesgo su salud”.

CUIDADO CON EL CORAZÓN

Como tantas veces ocurre el trabajo de los investigadores de la Johns Hopkins no ha servido sino para remachar en el mismo clavo una vez más. Todos los estudios realizados durante los últimos años señalan la peligrosa deriva que se está produciendo con el consumo de las bebidas energéticas sin que nadie haga nada por evitarlo. Y eso que se viene avisando desde hace tiempo de la posible relación de un consumo alto con problemas cardíacos, sobre todo en personas propensas a los mismos. El problema, como bien demuestran los numerosos casos de deportistas fallecidos de muerte súbita, es que no siempre una patología cardiaca puede ser previamente reconocida.
También el doctor Scott Willoughby -del Centro de Investigación Cardiovascular en el Royal Adelaide Hospital, afiliado a la Universidad de Adelaida (Australia)- afirmaría en el 2008 tras efectuar otro estudio entre jóvenes universitarios estar “alarmado” por los resultados obtenidos. Sugiriendo por ello –además de lo ya mencionado- que todo adulto que haya tenido en alguna ocasión cualquier síntoma de disfunción cardíaca debería abstenerse de beber bebidas energéticas. Willoughby explicó que su interés en este tema lo había suscitado el conocimiento de distintos casos de muertes de jóvenes que habían consumido bebidas energéticas muy poco antes. En el 2007, por ejemplo, un joven jugador de baloncesto de 18 años murió después de consumir varias latas de una conocida bebida energética. Y en julio del 2001 un varón australiano de 33 murió de un ataque al corazón tras tomarse un vodka mezclado con otra. “Después de ingerir una simple lata –explicó Willoughby a la prensa- un joven parece presentar el tipo de perfil que uno espera ver en alguien con enfermedad cardiovascular. Las personas que ya tienen enfermedades cardiovasculares deberían quizás hablar con su médico antes de volver a tomarse una Red Bull”.
Añadiremos que un equipo de investigación del Henry Ford Hospital de Detroit (EEUU) presentó un documento a la American Heart Association en el 2007 que ya sugería que las bebidas energéticas pueden aumentar el ritmo cardiaco y los niveles de presión arterial. El doctor James Kalus -director de aquel estudio- afirmó en declaraciones recogidas por el diario The Telegraphlo siguiente: "Los sujetos de este estudio eran personas sanas con una presión arterial baja. El aumento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial no fueron lo suficientemente importantes como para que les ocurriera nada pero una persona con medicación para la hipertensión o con enfermedades cardiovasculares puede que no responda tan bien. Si bien las bebidas energéticas aumentan la concentración y la vigilia las personas con factores de riesgo cardiacos pueden provocar reacciones adversas. Se debería pues advertir a las personas con presión arterial alta y enfermedades del corazón de que es mejor que eviten estas bebidas”. A los 15 adultos jóvenes sanos del estudio se les pidió que se abstuvieran durante dos días de tomar cafeína antes de medírseles la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Después bebieron dos latas al día de una bebida energética que contiene 80 mg de cafeína y 1.000 mg de taurina (la misma cantidad que hay en una lata de Red Bull). Pues bien, al séptimo día la presión arterial sistólica había aumentado un 9,6% y la presión diastólica un 7,8%. Asimismo aumentó el número de latidos del corazón.
En fin, los posibles efectos contraproducentes para las personas con problemas de tensión y/o corazón que pueden derivarse de mezclar cafeína y taurina son bien conocidos en la literatura científica y han sido recordados en diversas ocasiones por la American Heart Association.
Otro dato que suele ser ignorado por quienes practican deporte es que este tipo de bebidas no son hidratantes y, por tanto, no sirven para recuperar líquidos tras un partido o un esfuerzo intenso. “Cuando uno hace un ejercicio excesivo se produce deshidratación –señala Miguel Ángel Pinillos- pero estas bebidas lo único que hacen es aumentar la glucosa; poco pueden hacer por recuperar el sodio y el potasio que se pierde con el sudor”.

BEBIDAS ENERGETICAS Y ALCOHOL

En todo caso, el principal comportamiento de riesgo asociado a estas bebidas -por cantidad y calidad- es su asociación en las noches de marcha con alcohol. En una encuesta realizada en el 2007 entre 496 estudiantes universitarios norteamericanos el 51% reconoció que había consumido al menos una lata de bebida energética el mes anterior. Bueno, pues el 29% de los mismos reconoció haber tenido alguna reacción adversa y el 19% dijo que había tenido taquicardia tras consumirla. Esa misma encuesta reveló que el 27% de los encuestados había mezclado su bebida energética con alcohol al menos una vez durante el mes previo a la encuesta.
Maria Lucia O. Souza-Formigoni, profesora asociada del Departamento de Psicobiología en la Universidad Federalde Sao Paulo (Brasil), dirigió otro interesante estudio sobre el tema en el 2006 que se publicó en Alcoholism: Clinical and Experimental Research.  “En Brasil, al igual que en otros países –explicaría Souza-Formigoni-, los jóvenes creen que Red Bull y otras bebidas energéticas evitan la somnolencia causada por las bebidas alcohólicas y aumentan su capacidad para bailar toda la noche. De hecho muchos clubes nocturnos ofrecen esa mezcla entre sus cócteles”. Así que decidió investigar el tema. Y para ello sometió a los voluntarios a tres sesiones dejando siete días de diferencia entre ellas, Primero les hizo beber sólo una bebida alcohólica, luego sólo una bebida energética y, finalmente, una bebida alcohólica mezclada con una energética. A continuación valoró posibles intoxicaciones, la coordinación motora, la concentración de alcohol en el aliento y el tiempo de reacción visual.
Vimos dos puntos clave –contaría Souza-Formigoni al explicar los resultados-. Aunque la ingesta combinada disminuye la sensación de cansancio y somnolencia las medidas objetivas mostraron que no se pueden reducir los efectos nocivos del alcohol sobre la coordinación motora. En otras palabras, la persona está borracha pero no se siente tan borracho como realmente está. El segundo punto importante es que muchos consumidores utilizan las bebidas energéticas para reducir su fuerte sabor y ello puede llevar a aumentar peligrosamente la cantidad y la velocidad de la ingesta”. Resumiendo, tres fueron las principales conclusiones de su trabajo:
1) El consumo combinado de alcohol y una bebida energética reduce significativamente la percepción del dolor de cabeza, debilidad, sequedad de boca y deterioro de la coordinación motora.
2) La bebida energética, sin embargo, no reduce significativamente los déficits relacionados con el alcohol en medidas objetivas de coordinación motora y tiempo de reacción visual.
3) Las personas que combinan alcohol con bebidas energéticas pueden tener mayor riesgo de problemas -por ejemplo, accidentes automovilísticos- ya que creen que se encuentran físicamente bien.
"El alcohol -explicó Souza-Formigoni- no sólo afecta a la coordinación motora sino también a la capacidad de decisión porque incide en un área importante del cerebro: la corteza prefrontal. Los conductores ebrios no sólo son peligrosos debido a que sus reacciones se retrasan y la coordinación motora está afectada sino principalmente debido a que su capacidad de evaluar los riesgos a los que se exponen también se ve afectada. La gente necesita entender que la ‘sensación’ de bienestar no significa necesariamente que no estén afectados por el alcohol. A pesar de lo bien que se puedan sentir no deberían beber y conducir. Nunca".
Lamentablemente son muchos los jóvenes que no escuchan. Todos los días –especialmente los fines de semana- los servicios de Urgencias atienden a personas en estados alterados provocados por el consumo de este tipo de bebidas mezcladas con alcohol. “Cada vez es más habitual que nos lleguen personas –nos comentaría Miguel Ángel Pinillos, especialista en Urgencias- con síntomas de nerviosismo, palpitaciones, sudores y el corazón algo acelerado. Ignoran que el simple consumo de dos o tres bebidas energéticas puede producir esos síntomas. Muchas veces pensamos que son producto de un exceso de bebidas de cola pero debiéramos empezar a pensar más en este tipo de bebidas estimulantes. Bien por un consumo excesivo de las mismas, bien por su mezcla con alcohol”

SUECIA E IRLANDA

Como antes adelantamos, ya en el 2001 la muerte de tres jóvenes en poco tiempo llevó a algunas  autoridades sanitarias nacionales europeas a plantearse si sus fallecimientos podían tener que ver con el hecho de que todos ellos habían ingerido varias latas de una bebida energética -solas o mezcladas con alcohol- pero los fabricantes alegaron que no había prueba alguna de que las muertes estuvieran vinculadas con su producto. Y ciertamente nada pudo demostrarse. Dos habían muerto en Suecia tras beber vodka con Red Bull y de ahí que la Swedish National FoodAdministration (NFA) Administración Nacional Sueca de Alimentos (NFA) iniciase la investigación. Y si bien es verdad que no se pudo establecer que la bebida fuera la causa se decidió emitir una advertencia pública avisando a la gente de que no tomara Red Bull mezclada con alcohol o tras haber hecho un ejercicio intenso. El otro caso fue el de Roos Cooney, un joven jugador de baloncesto de 18 años de Limerick (Irlanda) que un año antes murió sobre la cancha tras haberse bebido cuatro latas de Red Bull antes de un partido. Y tampoco se pudo establecer relación causa-efecto clara por lo que el informe del forense se limitó a señalar “muerte súbita por parada del corazón tras un episodio de arritmia cardíaca”. Sin embargo, tras su muerte la Junta de Protección de Seguridad Alimentaria de Irlanda presentó un informe con las siguientes recomendaciones:
-Las bebidas energéticas deben ser etiquetadas con la indicación de que son inadecuadas para los niños (menores de 16 años de edad), las mujeres embarazadas y las personas sensibles a la cafeína.
-Las bebidas energéticas deben ser clasificadas con otras bebidas de alto contenido en cafeína.
-Debe tenerse precaución con el consumo de bebidas energéticas junto con alcohol.
-No deben ser consumidas de forma rápida asociadas al deporte y al ejercicio.
-No son aptas como agentes de rehidratación tras practicar deporte o hacer ejercicio físico.
Verdades tan evidentes que siguen siendo válidas ayer como hoy, en Irlanda como en España. Los portavoces de las empresas fabricantes siempre han negado la relación de causalidad con cualquier tipo de incidente aduciendo que el contenido de cafeína raramente supera el de una taza de café. Y quizás sea excesivo cargar las tintas sobre estas bebidas -como lo sería cargarlas sobre el café- pero mientras no exista una verdadera cultura de salud pública -que no existe y menos entre los jóvenes- no estaría de más obligar a los fabricantes a incluir al menos en los envases alguna advertencia como ésta: “No se recomienda que esta bebida la ingieran los niños, las mujeres embarazadas o lactantes y las personas sensibles a la cafeína ni que se mezcle con bebidas alcohólicas”.
Es lo mínimo que habría que exigir a nuestras autoridades sanitarias con los datos que existen a día de hoy.

 

Antonio F. Muro



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