ALIMENTACIÓN
NÚMERO 89 / DICIEMBRE / 2006
   EL ZINC, IMPRESCINDIBLE PARA LA VIDA

 

Interviene en más de 300 reacciones enzimáticas; participa en la estructuración de las proteínas, el ADN, el ARN, los hidratos de carbono, los lípidos y la insulina; cumple un papel fundamental en la expulsión del dióxido de carbono de los pulmones; es necesario para disponer de un sistema inmune fuerte y de un cerebro ágil; colabora en la producción de hormonas y en la división celular; ayuda a controlar el crecimiento; favorece el desarrollo sexual; cicatriza más rápidamente las heridas y actúa contra 40 virus distintos. Y son sólo algunas de sus importantes funciones. Hablamos del zinc, un mineral, por lo mencionado y por los graves daños que ocasiona su carencia, indispensable para la salud.

Desde principios de la década de 1970, durante la que se llevaron a cabo numerosas investigaciones sobre este mineral, el zinc pertenece a ese escaso grupo de nutrientes que los científicos consideran imprescindibles para la salud y la vida humanas. De hecho es, junto con el magnesio, el mineral del que más enzimas dependen y los médicos lo prescriben en forma de suplementos a mujeres gestantes, niños, adolescentes y ancianos para evitar –tanto pues en los periodos de crecimiento más rápido como en los de mayor desgaste- su carencia en el organismo. Situación en la que, por cierto, podría encontrarse aproximadamente el 20% de la población mundial según la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO). Y es que la importancia de este mineral se puede valorar no sólo a través de las funciones que desempeña sino también mediante las graves consecuencias de su deficiencia, como veremos más adelante.

LA IMPORTANCIA DEL ZINC

El zinc es un nutriente indispensable para el organismo. Además de ayudar a la prevención y/o curación de diversas dolencias cumple gran variedad de funciones en los distintos sistemas biológicos y juega un papel de extrema importancia en la estructuración de las membranas de las células y en el crecimiento y la división celular que se requieren para sintetizar proteínas, ADN, ARN, lípidos, carbohidratos e insulina además de participar en el metabolismo del fósforo y del calcio, liberar la vitamina A almacenada en el hígado, destruir elementos tóxicos como el cadmio, intervenir en el equilibrio ácido-alcalino de la sangre, contribuir al transporte del dióxido de carbono y del anhídrido carbónico de los tejidos a los pulmones o favorecer el buen funcionamiento hepático y renal. Asimismo es un componente necesario para que más de 300 reacciones enzimáticas funcionen adecuadamente. Pero el zinc también es un componente esencial del cerebro. Aunque los mecanismos exactos por los que realiza sus funciones en ese órgano aún no están dilucidados los investigadores han podido comprobar que está involucrado en distintos procesos bioquímicos de mielinización, síntesis y liberación de neurotransmisores -como el GABA y el glutamato- lo que indica que es un modulador de la excitabilidad neuronal. También se sabe que para llevar a cabo su papel en el desarrollo y funciones del sistema nervioso central se encuentra altamente concentrado en las vesículas sinápticas de un grupo especial de neuronas glutamatérgicas denominadas “contenedoras de zinc” que se asocian con la memoria, las emociones, el comportamiento y la función cognitiva.
De ahí que un suplemento de zinc pueda mejorar la memoria y potenciar las funciones motoras, cognitivas y psicosociales previniendo incluso el alzheimer y la demencia senil. Además, en el caso de los niños, aumenta su rendimiento académico. Al menos eso parece indicar un estudio realizado por el Servicio de Investigación Agrícola de Estados Unidos con niños de 11 años que ingirieron un suplemento de 20 mg de zinc 5 días a la semana y que reveló que estos niños exhibían a los 3 meses de iniciado el experimento una capacidad mental un 12% superior a los del grupo de control. Otra investigación en la que también se analiza la importancia del zinc en el desarrollo intelectual de los más pequeños es el llevado a cabo por el doctor Jorge L. Rosado, del Departamento de Fisiología de la Nutrición del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán de México. Su estudio doble ciego de suplementación con zinc y utilizando placebo como control demostró que una deficiencia, aunque sea moderada, de este mineral en niños disminuye su capacidad de desarrollo cognoscitivo además de aumentar la presencia de enfermedades, especialmente de diarreas.
Por otro lado, también la piel, las uñas, el cabello, los músculos, los sentidos del gusto y del olfato, los vasos sanguíneos, el páncreas, el hígado, los riñones o el sistema inmune son beneficiarios de las propiedades del zinc. En el caso de este último sistema, por ejemplo, la literatura científica recoge que dicho elemento aumenta la inmunidad frente a las infecciones bacterianas; que actúa contra 40 tipos distintos de virus incluidos los de la gripe, el catarro o el herpes (en el caso del virus del catarro, impide que se reproduzca y que se adhiera a las mucosas con lo que la duración de esta dolencia se reduce en más de la mitad); que estimula el timo; que activa los linfocitos T y favorece el desarrollo de linfocitos B y la producción de anticuerpos, especialmente la inmunoglobulina G; que estimula las funciones de los neutrófilos y las células natural killers; que mejora la fagocitosis; que interviene en la creación de glóbulos blancos (también en la de los rojos); que reduce los efectos dañinos que provocan los radicales libres; que ayuda a la prevención del cáncer; que reduce la necesidad de usar antibióticos; que favorece la rápida cicatrización de heridas y quemaduras evitando así posibles infecciones; que acorta la duración de infecciones intestinales diarreicas y del tracto respiratorio, etc. De hecho, numerosas evidencias demuestran que la suplementación con zinc al inicio de un resfriado disminuye la duración de los síntomas hasta más de la mitad y otro estudio con pacientes con SIDA que recibían AZT demostró que ingerir un cantidad suplementaria de zinc durante 30 días produce una disminución de la frecuencia de infecciones oportunistas que afectan a estos pacientes.
Otras investigaciones, como las llevadas a cabo por el Centro de Información Nutricional del Zinc (con sede en la Universidad Rockefeller de Nueva York), concluyeron que el zinc ayuda también al crecimiento y desarrollo de los bebés (colabora en el desarrollo del esqueleto, el sistema nervioso, el cerebro y los órganos sexuales y mejora su peso al nacer), de los niños y de los adolescentes. Asimismo, los investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (Argentina) han constatado que una dieta pobre en zinc en la niñez aumenta el riesgo de sufrir hipertensión arterial de adultos.
Cabe agregar que otros trabajos -desarrollados en diversas instituciones de medio mundo- concluyen que el zinc facilita una recuperación más rápida de las úlceras gástricas, heridas y quemaduras, mejora el acné, aumenta el recuento espermático, favorece la salud de los órganos sexuales y la reproducción, normaliza la glándula prostática, alivia las alergias respiratorias, procura el crecimiento adecuado de las uñas, el cabello y la piel, contribuye al buen desempeño de las funciones hepáticas y renales, ayuda a disminuir los depósitos de colesterol e interviene en las percepciones del gusto y el olfato, entre otras propiedades.

EVITAR SU CARENCIA 

Bueno, pues para llevar a cabo todas las funciones en las que está involucrado el zinc el cuerpo humano sólo dispone de entre 1 y 3 gramos repartidos por todas sus células si bien las mayores concentraciones se encuentran en el tejido muscular, los huesos, la glándula prostática, los testículos, los ojos, la piel y la sangre.Y sólo el 10% –el que viaja en la sangre- está disponible para su uso inmediato. El otro 90% -el almacenado en músculos y huesos- no. De ahí que lo más oportuno sea ingerir 15 mg diarios, dosis recomendada para mantener los niveles adecuados en sangre y, por tanto, su rápida disponibilidad. Recomendación que debe tenerse especialmente en cuenta en determinadas situaciones que pueden hacer descender peligrosamente los niveles óptimos de este nutriente ya que, por ejemplo, durante una enfermedad o después de una operación el cuerpo consume más zinc de lo habitual dado su papel en el correcto funcionamiento del sistema inmune y en la rápida cicatrización de las heridas. También las mujeres embarazadas y las que dan el pecho a sus hijos necesitan más zinc pues durante los cuatro primeros meses de lactancia la leche materna contiene unos 2 mg de este mineral. Por eso en este periodo las madres necesitan unos 6 mg extra cada día para cubrir sus propias necesidades y las del bebé que amamantan. Además las personas que padecen alcoholismo, diabetes, desórdenes digestivos, enfermedades renales o hemorragias menstruales intensas así como las que únicamente consumen proteínas de origen vegetal, las que atraviesan prolongadas fases de ayuno, las que experimentan pérdidas severas a través de la orina, las heces, el sudor, la sangre o el semen, o las que están en periodos de crecimiento rápido se encuentran en riesgo de sufrir una deficiencia de zinc. A esto hay que añadir que algunos fármacos como el AZT, los antiácidos, los diuréticos y los anticonceptivos orales pueden inhibir la absorción de este mineral.
Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de asegurarse de estar aportando al organismo las cantidades necesarias de este mineral es que se ha comprobado que el cuerpo sólo absorbe un 20% del zinc presente en la dieta (vea en el recuadro adjunto los alimentos que aportan mayores cantidades de este mineral) ya que su aporte nutricional depende no sólo de la cantidad ingerida sino de su biodisponibilidad. “Las carnes, los mariscos y el pescado –afirma el ya mencionado Jorge L. Rosado- son ricas fuentes de zinc y su biodisponibilidad es alta ya que durante su digestión se liberan ciertos aminoácidos y péptidos que contienen lisina y que forman complejos solubles con este mineral. Sin embargo, la fibra dietética, especialmente la celulosay la lignina, y el ácido fítico presente en los cereales, legumbres y frutos secos inhiben la absorción de zinc. El ácido citado, por ejemplo, forma con el zinc un complejo insoluble que el cuerpo no puede absorber. Además, altos niveles del mineral tóxico cadmio también pueden impedir la absorción de zinc ya que ambos competirán por ser absorbidos”.
En suma, el zinc participa en tantos y tan diversos procesos importantes que numerosas funciones fisiológicas y metabólicas se ven alteradas -en mayor o menor medida- cuando hay déficit. En cuanto a los síntomas que denotan esa carencia hay que decir que las consecuencias funcionales de la falta de zinc se aprecian antes de que sus niveles en plasma o en algún otro tejido se vean afectados. Así, los primeros indicios de que al cuerpo le falta zinc se aprecian en la piel, en la que se observa un retraso de la cicatrización de heridas y la aparición de dermatitis alrededor de los orificios corporales, psoriasis, eccemas, acné, erupciones, etc. Tales son los primeros síntomas pero hay otros muchos, algunos de los cuales enumeramos a continuación:

-Alteraciones del sistema nervioso y de la neurotransmisión cerebral: depresiones, angustia, hiperactividad, susceptibilidad, defectuosa sensibilidad en el gusto y el olfato, y lentitud en el desarrollo intelectual de los niños.
-Alteraciones en la forma y función de los órganos reproductores -especialmente los masculinos- y pérdida de apetito y de potencia sexual. Además se observan deficiencias en la calidad y cantidad de esperma así como un descenso en la producción de testosterona y, en casos agudos, esterilidad.
-Anemia.
-Baja tasa de crecimiento.
-Baja tolerancia a la glucosa.
-Debilidad muscular.
-Deficiente producción de insulina.
-Depresión inmunitaria: infecciones frecuentes, mayor daño de los radicales libres, menor protección frente al cáncer, etc.
-Diarrea.
-Falta de peso al nacer.
-Lesiones oculares, sequedad y problemas para la visión nocturna. 
-Pérdida de apetito.
-Pérdida de peso.
-Pérdida o debilitamiento del cabello y encanecimiento prematuro. 
-Problemas de próstata.
-Sensación de fatiga y cansancio.
-Tardanza en la cicatrización de heridas.
-Trastornos de la menstruación.
-Uñas quebradizas y con manchas blancas.

En definitiva, si aprecia alguno de estos síntomas póngase en manos de un profesional de la salud a fin de que valore la conveniencia de prescribirle un suplemento de zinc adecuado a sus necesidades y en las dosis oportunas. Y no se automedique porque aunque el zinc sólo es tóxico cuando se ingieren cantidades que superen entre 70 y 100 veces las dosis recomendadas –algo prácticamente imposible- un exceso de este nutriente puede interferir en el metabolismo apropiado de otros elementos, especialmente el hierro y el cobre. A algunas personas -aunque los casos son muy raros- la ingesta de zinc puede también provocarle molestias gástricas pasajeras, especialmente si se toma con el estómago vacío.
Por último es conveniente tener en cuenta que en una situación normal los hombres necesitan más cantidad de este nutriente que las mujeres ya que el semen contiene 100 veces más zinc que la sangre. Así que cuanto más sexualmente activo sea el varón mayor cantidad de este mineral requerirá. A este respecto cuenta la leyenda que el secreto de la más que activa vida sexual del mítico galán veneciano del siglo XVIII Giacomo Casanova residía en que ingería grandes cantidades de ostras, moluscos que no ocultan ningún extraño poder afrodisíaco sino que, simplemente, son muy ricos en zinc. Luego no diga que nadie se lo había contado...

 

L. J.

 


 

Alimentos ricos en zinc

-Carne: de vacuno, cerdo, cordero y aves de corral (especialmente los muslos)
-Hígado y riñones de vaca.
-Pescados.
-Mariscos: ostras (el alimento más rico en este mineral), mejillones, almejas, cangrejos y camarones.
-Yema de huevo.
-Productos lácteos.

Los siguientes alimentos también contienen zinc pero su aprovechamiento es peor por la presencia de fibra o de ácido fítico, elementos que dificultan o inhiben la absorción de dicho mineral:

-Cereales: trigo y maíz.
-Frutos secos: nueces, cacahuetes y almendras.
-Legumbres.
-Semillas.
-Verduras y hortalizas: habas, coles, lechuga, remolacha, espinaca, zanahoria, champiñón, etc.
-Levadura de cerveza.
-Germen de trigo.

 


 

Indicaciones

Estos son algunos de los trastornos y dolencias en los que el zinc ha demostrado tener algún tipo de utilidad terapéutica:

-Acné.
-Alergias.
-Alopecia y cabello debilitado o encanecido prematuramente.
-Alzheimer.
-Anorexia nerviosa.
-Cataratas.
-Cistitis.
-Colitis ulcerativa.
-Degeneración macular.
-Demencia senil.
-Diabetes.
-Disfunciones ginecológicas.
-Disfunciones hepáticas.
-Disfunciones renales.
-Eccemas.
-Enfermedad de Crohn.
-Enfermedad periodontal.
-Erupciones cutáneas.
-Gripe.
-Heridas.
-Herpes.
-Hiperplasia prostática benigna.
-Hipercolesterolemia.
-Impotencia.
-Lupus.
-Osteoporosis.
-Piel seborreica.
-Problemas hipofisiarios.
-Problemas tiroideos.
-Prostatitis.
-Psoriasis.
-Quemaduras.
-Reglas con hemorragias intensas.
-Resfriados.
-Síndrome de déficit de atención.
-Tos.
-Úlceras gástricas.
-Uñas quebradizas.
-VIH.

 


 

Téngalo en cuenta

Se hace necesario ingerir más zinc, mediante la dieta o con suplementos de este mineral, cuando...

...se toman dosis altas de vitamina B6 o vitamina A.
...se padece diabetes, alcoholismo o alteraciones prostáticas, digestivas o renales.
...se sufren irregularidades menstruales.
...se manifiesta demencia senil.
...se está embarazada o dando el pecho.
...se es niño o adolescente.
...se es vegetariano pues esa dieta es muy rica en alimentos que inhiben la normal absorción del zinc.



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