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     REPORTAJES
NÚMERO 74 / JULIO - AGOSTO / 2005
   LE RIBAULT Y EL SILICIO ORGÁNICO DE 5ª GENERACIÓN

 

Loïc Le Ribault, científico francés impulsor del silicio orgánico de 5ª generación OS5 -producto comercializado hoy como complemento dietético- acaba de visitar España y no hemos dudado en contactar con él. Científico de prestigio en Francia cuando descubrió las posibilidades clínicas del silicio orgánico y quiso darlas a conocer fue perseguido, detenido y encarcelado durante meses acusado de práctica ilegal médica y farmacológica. Su “delito” real, sin embargo, fue tratar de informar de las posibilidades terapéuticas de un producto con resultados clínicos incontestables en numerosas patologías, especialmente en problemas osteoarticulares, artritis y artrosis pero también en cáncer, problemas cardiovasculares, enfermedades autoinmunes y dolencias hepáticas.Por eso una y otra vez le negaron los apoyos oficiales precisos a pesar de ser reiteradamente solicitados para realizar las validaciones científicas necesarias.

Con ironía no exenta de cierta amargura Löic Le Ribault nos confesaba poco antes de comenzar su reciente conferencia en Madrid que lo que iba a hacer en nuestra ciudad y en Barcelona -explicar las propiedades terapéuticas del silicio orgánico de quinta generación (OS5)- lo tiene prohibido en Francia. “Me hubieran detenido antes de comenzar”. Hoy la persecución que sufre desde hace años parece haber remitido y vive en libertad pero con una amenaza nada velada sobre su cabeza: si vuelve a insistir en defender las capacidades terapéuticas de su producto en territorio francés volverá a la cárcel para cumplir los seis meses que aún tiene pendientes. Una mordaza que al menos no se ve obligado a llevar en Suiza donde en estos momentos vive y se encuentra a la espera de conseguir la aprobación de un medicamento basado en el silicio orgánico. Una situación que hubiera sido bien distinta de no haberse topado un día con el silicio orgánico y su influencia en la salud.

DE LA NOTORIEDAD A LA CÁRCEL 

Le Ribault llegó a ser considerado uno de los científicos forenses más prometedores de Francia. No en vano cuenta en su haber con los títulos de Oceanografía, Ecología y Ciencias de la Tierra así como una licenciatura superior en Geomorfología –todos ellos obtenidos en la Universidad de París- además de tres doctorados: en Sedimentología, Ciencia y Naturopatía. Ya en 1971 descubriría que el microscopio electrónico (ME) le permitía averiguarlo todo sobre la historia de un simple grano de arena y ello le llevaría a colaborar estrechamente con el Ministerio del Interior francés en algunos de los casos más importantes de la criminología de su país alcanzado merced a ello gran popularidad. De hecho, entre 1982 y 1991 Le Ribault presentó pruebas en más de mil casos coadyuvando en la condena de 800 personas por asesinato y otros crímenes violentos. Una experiencia que le llevó a trabajar posteriormente como asesor forense para el FBI donde acabaría impartiendo clases a sus futuros especialistas.
Sin embargo, lo que aquí nos interesa se produjo mucho antes, en 1972, cuando trabajando con arena en el microscopio electrónico hizo un interesante descubrimiento: una capa de silicio amorfo soluble en agua que contenía microorganismos cubría la superficie de algunos de los granos de arena. Intrigado, investigó descubriendo que esos microorganismos y las secreciones que dejaban en la arena contenían silicio orgánico. Hay que aclarar que el silicio orgánico difiere del silicio mineral -presente en casi toda la corteza terrestre- en que contiene carbono y es fácilmente asimilado. Pues bien, sus informes sobre cómo recuperar esos depósitos de la superficie de la arena llegaron a ser publicados por la Academia de Ciencias francesa.
Años después -como ha ocurrido en numerosas ocasiones a lo largo de la historia de la Medicina- la “casualidad” pondría a Le Ribault en la senda de la salud. Resulta que aprincipios de los ochenta, mientras trabajaba, removió una solución de silicio orgánico con su mano derecha en lugar de con un instrumento. Y a los pocos días se percató de que la psoriasis que padecía en ella había desaparecido. Introdujo entonces unos días después la otra mano y la psoriasis desapareció igualmente al poco tiempo. Entusiasmado ante tales posibilidades terapéuticas Le Ribaut dedicó los años siguientes a lograr un método de extracción del silicio orgánico. Tiempo durante el que probó además el producto en otros enfermos atendidos por médicos amigos y pudo constatar que manifestaban sentirse muy aliviados de sus dolores articulares. Incluso pacientes afectados de infecciones virales mostraban en sus analíticas sorprendentes mejorías. Como es obvio propuso a la Administración que se investigara el asunto pero su requerimiento fue ignorado.
En 1982 Le Ribault comenzaría a colaborar con el profesor Norbert Duffaut, químico e ingeniero del Centro Nacional de Investigación del Estado (CNRS) -adscrito a la Universidad de Burdeos- quien venía trabajando desde 1957 en las posibles aplicaciones terapéuticas de una molécula sintética de silicio orgánico. De hecho, había creado incluso un remedio de su invención al que denominó NDR (Remedio de Norbert Duffaut).
Ribault le explicó que había constatado sus efectos beneficiosos sobre la psoriasis y también sobre la artritis pero Duffaut respondió que tenía el convencimiento de que los efectos más importantes del silicio orgánico se producían sobre la circulación sanguínea y cardiovascular. Y es que Duffaut llevaba trabajando desde los años sesenta con el doctor Rager, cirujano cardiovascular que utilizaba el silicio orgánico sintético en las recuperaciones postoperatorias. De hecho, la Academia de Medicina francesa había concedido a Rager en 1967 el premio J. Levy Bricker por su trabajo sobre la aplicación del silicio orgánico en el tratamiento terapéutico de seres humanos. Trabajo que determinó su utilidad para ayudar a los pacientes de cáncer a tolerar la quimioterapia. Pues bien, fruto de la colaboración entre Duffaut y Rager llegaría a comercializarse como medicamento el Conjonctyl, un producto que llegaría incluso a ser parcialmente sufragado por el Estado.
Le Ribault y Duffaut decidieron también colaborar y el primero aportó al segundo su técnica de obtención de silicio orgánico natural. Poco después, en 1985, ambos obtendrían una patente internacional para proteger el uso terapéutico del silicio orgánico. Dos años después, en 1987, presentarían ante el Ministro de Investigación francés una petición -firmada ante notario- para que se considerase la inclusión del silicio orgánico en los ensayos con enfermos de Sida. Nunca obtuvieron. respuesta.

UN EXTRAÑO “SUICIDIO”

En noviembre de 1993 Duffaut fue encontrado muerto en la cama por sus vecinos. Según los forenses se había “suicidado” con cianuro. Le Ribault, sin embargo, lo duda. “¿Por qué un químico como él –se preguntó en voz alta ante nosotros-iba a elegir cianuro para suicidarse sabiendo que le provocaría una muerte terrible en lugar de decantarse por cualquier otro de los venenos a su alcance, mucho más rápidos y menos dolorosos?”. Una pregunta con sentido común que difumina el argumento de que lo habría hecho porque se encontraba abatido por la sistemática falta de respuesta oficial a sus peticiones. Aunque fuera verdad, como ha publicado Martin J. Walter -quien ha seguido de cerca la historia de Le Ribault-, que antes de su muerte dejara escrito: “Las autoridades han condenado mi descubrimiento sin contemplaciones, sin siquiera haberlo analizado”.
Le Ribault, por su parte, no se rindió y continuó con su trabajo logrando obtener finalmente -en 1994- una molécula de silicio orgánico que no era preciso combinar con ningún otro producto para ser asimilada -como era preciso hasta ese momento- y podía ingerirse directamente por vía oral ya que era inocua, carente de toxicidad. Y además de una pureza sin igual, sin contaminantes de ningún tipo. Un producto al que denominaría Silicio Orgánico de Quinta Generación OS5.
Le Ribault ofreció de inmediato su producto al Estado. En respuesta recibió silencio. Aparecerían entonces varias compañías farmacéuticas y dialogó con ellas. Y la mejor oferta fue de 250 millones de pesetas pero ¡para “enterrar” el producto! Se negó. Decide entonces hacer públicas sus posibilidades y logra que salga un reportaje de cinco páginas en el diario Sud-Ouest Dimanche en octubre de 1995. ¿El resultado? Por una parte, que miles de enfermos acudieron a tratarse pero, por otra, se puso en marcha una fulminante campaña de acoso y derribo contra él que culminaría con una querella -en 1996- por “prácticas ilegales de la medicina y la farmacia” presentada por la Orden de los Médicos y la Orden de los Farmacéuticos (los equivalentes a nuestro colegios profesionales en España). Sin embargo, antes de que se iniciase el juicio se trasladaría a la isla de Antigua -en el Caribe- engañado –según afirma- por unos supuestos inversores. A pesar de lo cual obtiene durante su estancia allí el permiso de producción y aplicación para el OS5. A su vuelta a Francia, sin embargo, es detenido y encarcelado. Es más, los cargos habían aumentado. Las dos demandas civiles se habían convertido en ¡nueve cargos criminales!, entre ellos el de venta de sustancia tóxica, experimentación ilegal en Biología y publicidad no autorizada de un medicamento en la prensa. Mientras espera el juicio, no obstante, consigue la libertad bajo fianza porque el Gobierno francés se ve obligado a reconocer públicamente que el producto no era tóxico (¿Le va “sonando”, amigo lector, todo esto? Porque la historia es calcada a las sufridas por el Bio-Bac y el Ukrain). La diferencia es que a esas alturas Le Ribault dudaba ya de la posibilidad de un juicio justo y decidió huir del país refugiándose en la isla británica de Jersey. Permanecería así fuera de su patria ocho años hasta que, en virtud de una orden de busca y captura internacional emitida por Francia, se le detiene en Suiza donde vivía ¡con un pasaporte francés expedido por la embajada francesa en Irlanda!
El juicio tendría lugar el 5 de febrero del 2004. Y en él la fiscal del caso esgrimió para la ocasión argumentos muy similares a los escuchados en nuestro país en el caso del Bio-Bac. “Hablando ‘en nombre del pueblo francés’ -recuerda Le Ribault- la fiscal acumuló en su alegato todo tipo de mentiras. Hasta llegó a decir que mis inventos pertenecían al Ministerio del Interior y no a mí porque yo había trabajado para ese departamento. Luego me acusaron de ignorante, de charlatán y afirmaron que el OS5 era como echar arena en un vaso de agua. Hasta me insultaron comparándome con el Doctor Milagroque aparece en los comics de Lucky Luke  y mostraron su arrogancia al considerar  que todos  mis pacientes eran tontos”.
El caso es que al final la fiscal solicitó para Le Ribault una fuerte multa y dos años de cárcel... pero después de todo lo acaecido y dicho la condena fue de sólo 8.000 euros y un año de prisión por ejercicio ilegal de la medicina y la farmacia de los que se consideraron cumplidos los seis meses que pasó en prisión de forma preventiva quedando los otros seis pendientes de cumplir... si “reincidía”. Eso sí, fue absuelto de las acusaciones de estafa y venta de “un producto tóxico”... porque resulta que es inocuo Hoy Le Ribault reside en Suiza donde espera obtener pronto el reconocimiento de un medicamento basado en el silicio orgánico enfocado a patologías gastrointestinales. Y desde luego, ha hecho voto firme de no volver a pisar suelo francés jamás.

EL SILICIO ORGÁNICO

Debemos agregar que hoy son muchos los productos que afirman contener silicio orgánico y casi todos ellos acaban citando como fuentes de autoridad sobre sus potencialidades a Le Ribault y Duffaut. Sin embargo, Löic Le Ribault nos manifestó que el único producto válido fruto de sus investigaciones y de las de Duffaut es el OS5. “Lo más extraño –nos diría- es que hay ya setenta u ochenta empresas que venden silicio orgánico plagiado y no han tenido ningún problema; productos en muchos casos no estabilizados y, por tanto, ineficaces. Y cuyos fabricantes, encima, tienen la desfachatez de usar fragmentos de mis libros para su publicidad”.
Lo que está fuera de toda duda es que el silicio –algo que se sabe desde hace treinta años sólo- es un oligoelemento esencial a pesar de estar en pequeñas cantidades, un mineral absolutamente indispensable para la salud y la vida. En todo caso en el cuerpo humano hay una media de 7 gramos de silicio orgánico, concentración más importante que la de otros elementos esenciales para el organismo como el hierro o el cobre. Además del silicio circulante en la sangre (5 mg/l) existe también en los tejidos -sobre todo en el timo-, las paredes vasculares, las suprarrenales, el hígado, el bazo y, particularmente, en el páncreas. Eso sí,Gohk y School observaron en sus estudios un 35% menos de silicio en el tejido muscular de la mujer que en el del hombre.
Son decenas los estudios científicos que durante los últimos años han hecho hincapié en la importancia de este oligoelemento: Monclaux señaló la existencia de un descenso general de los niveles de silicio en el cuerpo en el curso del envejecimiento. Loeper encontró que en la pared aórtica se encuentra una tasa de silicio 4 veces más elevada en los niños que en las personas de edad. Y Duke apunta que con la edad y el descenso de los estrógenos disminuye la absorción del silicio lo cual, a su vez, determina la tendencia a la descalcificación potencialmente típica de la menopausia.
En resumen, su papel más evidente -quizás el más importante- es su implicación en la formación del tejido conjuntivo de los huesos y los cartílagos así como la relación de su ausencia con distintas enfermedades relacionadas con los huesos y las articulaciones. En estudios llevados a cabo en los años setenta se demostró ya que el suplemento con silicio promovía el crecimiento de huesos y cartílagos. Y en los noventa se advirtió que el tratamiento con silicio podía estimular la formación ósea. Además, tal como sostenía Duffaut, se ha observado también que el silicio participa en la formación de las células que construyen las paredes de los vasos sanguíneos.
El problema es que las dietas actuales de los países desarrollados -como consecuencia de los modernos métodos de cultivo que agotan los nutrientes del suelo y de la escasez de elementos fibrosos- contienen mucho menos silicio que las dietas de nuestros mayores o que las dietas de países más primitivos lo que puede provocar carencias de este elemento. En cualquier caso, aún siendo muchas más las posibles incidencias de la falta de silicio orgánico en problemas de salud vamos a centrarnos en las dos más importantes: las que tienen que ver con el sistema osteoarticular y aquellas que inciden en el nuestro sistema cardiovascular.

PATOLOGÍAS OSTEOARTICULARES

Aunque es difícil de relacionar -pues a menudo queda solapada con otras causas- cada vez son más los profesionales que consideran que tanto en la aterosclerosis como en los problemas articulares –especialmente artritis y artrosis- y en la reiteración de lesiones en individuos sometidos a fuertes esfuerzos físicos subyace una carencia importante de silicio. El doctor Pedro Pérez Arias lleva utilizando en Madrid el OS5 desde hace cuatro años –empezó cuando todavía no se comercializaba en España- y actualmente, tratados ya unos doscientos casos con resultados muy buenos, no duda en avalar su eficacia. “Es muy útil para cualquier trastorno doloroso –nos diría- a nivel de cartílagos y a nivel de huesos. También en pacientes crónicos o con patologías muy severas o antiguas el producto funciona exactamente igual pero se necesita más tiempo para lograr resultados. Además carece de efectos secundarios y, por tanto, no pasa nada por tomar más o menos cantidad. De hecho, en personas con problemas artríticos la posología suele ser de dos o tres cucharadas al día mientras en personas que tienen una patología más definida como envejecimiento prematuro o problemas crónicos de cierta envergadura es necesario aumentar la dosis a tres o cuatro cucharadas soperas diarias”.
También el doctor Juan José Rodrigañez -de Vital Sports Clinic-, especialista en recuperación de lesiones deportivas, lo aplica junto a Crioelectroforesis y Electroforación sobre las zonas afectadas con resultados notables. “Resulta especialmente eficaz –declararía a nuestra revista– en la disminución del dolor y en la velocidad de recuperación de las lesiones. He notado una evolución más rápida cuando el paciente toma el silicio varias veces al día y al mismo tiempo le someto a tratamiento con Crioelectroforesis o Electroforación. También recomiendo el OS5 a pacientes operados de cualquier lesión porque su recuperación es muchísimo más rápida. En la artrosis, la artritis y el reuma también he observado que funciona muy bien. Suelo administrarlo en un protocolo más amplio junto a otras sustancias homeopáticas o con Fitoterapia pero puedo afirmar que hay mucha diferencia entre utilizar o no el silicio en un tratamiento”.
Por supuesto no hay sólo experiencia clínica en España. “Empecé a administrar el silicio orgánico –ha afirmado el doctorJohn Mansfield, director del Burghwood Clinic de Londres- para problemas musculares y de ligamentos -incluyéndome a mi mismo- e inmediatamente obtuve resultados espectaculares. Ahora lo receto además para diversas patologías y nunca he tenido problemas de efectos secundarios ni de interacciones con medicamentos”.
Por su parte, el doctor Jean Claude Mainguy -director del Centro Antiaging de Montreux (Suiza)- incluye su experiencia personal: “Al principio lo probé en mí mismo ya que sufría de artritis desde hacía tiempo y en dos semanas tuve unos resultados extraordinarios. Baste decir que la artritis se curó y nunca más ha reaparecido. Luego empecé a prescribirlo para todo tipo de dolencias graves con resultados remarcables. Hay que señalar que, lógicamente, como siempre sucede en Biología y en todo lo relacionado con los seres vivos, no hay nada exacto. Los resultados dependen de muchos factores y, por tanto, no son constantes. Pero a pesar de ello puedo decir que es un producto extraordinariamente eficaz”.
Investigadores como Loeper, Carlisle, Nielseny Schwarz han estudiado el papel del silicio en el tejido conjuntivo hallando concentraciones importantes de silicio en los huesos, cartílagos, ligamentos y tendones, aponeurosis, tejido ocular, etc. Tolonen, por su parte, señaló que cuanto más bajo es el aporte de calcio más importancia adquiere la ingesta del silicio. De hecho, algunas investigaciones han observado que las personas que no consumen suficiente silicio pueden ver disminuida su densidad ósea.
En suma, nadie puede negar hoy que el silicio juega un papel importante en las estructuras que componen el tejido conjuntivo como son el colágeno, la elastina, los proteoglicanos y las glicoproteínas estructurantes. A nivel del colágeno -imprescindible para formar todas las estructuras sostén de nuestro organismo- el silicio proporciona los enlaces covalentes que le dan estructura y actúa como elemento activador de la prolilhidroxilasa, una importante enzima que sintetiza colágeno.
Los estudios realizados sobre administración de silicio orgánico a pacientes con problemas y fracturas óseas permiten constatar también una remineralización de las zonas descalcificadas. Y, como ha quedado reflejado en los testimonios anteriores, una aceleración en la recuperación de fracturas óseas. En casos de enfermedades reumáticas con dolores óseos el silicio orgánico permite obtener una neta mejoría con tendencia a la recuperación de la movilidad y la desaparición del dolor en las articulaciones. También es notable su acción en casos de osteoartritis, artritis, tendinitis, reuma…; en todos esos casos se aprecia una respuesta positiva que va desde la mitigación de dolores hasta una mejora en la movilidad articular.

EL SILICIO ORGÁNICO Y LA SALUD CARDIOVASCULAR

El silicio juega también un papel fundamental en la flexibilidad de las paredes arteriales que constituyen, de hecho, uno de los tejidos del cuerpo que presenta mayor concentración de ese mineral; siendo la aorta el órgano más rico en silicio. El naturópata francés Daniel Kieffer afirma en su obra Curas antiestrés y salud global que la aorta infartada presenta 25 veces menos silicio que una aorta normal. Pues bien, el silicio protege la pared arterial al mantener su elasticidad ya que interactúa con la elastina, una proteína estructurante básica que da elasticidad a los tejidos y da forma a las fibras elásticas determinando su tamaño. Se ha demostrado que un descenso de la tasa de silicio en los tejidos se acompaña de un descenso de la tasa de elastina y, por ende, de un endurecimiento y esclerosis de las arterias. Por el contrario, un aumento de la tasa de silicio produce un aumento de la tasa de elastina.
De hecho, son muchos los estudios experimentales llevados a cabo desde los años 60 hasta nuestros días que han demostrado sin lugar a dudas el papel constitutivo y protector del silicio sobre las fibras elásticas de las arterias. La doctora Desmonty realizó en 1988 un estudio con 72 pacientes de más de 61 años y constató que las arterias aquejadas de arteriosclerosis presentaban un nivel de silicio catorce veces inferiores al de las venas. Otros estudios -como los de Loeper en animales- demostraron que la formación de las placas de ateroma pasa de un 80% (animales no tratados) a sólo un 25% en los animales tratados con silicio orgánico. En resumen, de todo lo investigado hasta el momento puede concluirse que:

-El deterioro de las fibras elásticas de las arterias está determinado en buena parte por la pérdida de silicio.
-El nivel de silicio de las arterias decae con la edad: las arterias de los niños presentan 4 veces más silicio que las de personas de edad avanzada.
-El proceso de formación de las placas de colesterol corre paralelo con la pérdida de silicio.
-La pérdida de silicio hace que las fibras elásticas se fragilicen y se fragmenten favoreciendo su permeabilidad a los lípidos.
-El empobrecimiento de las fibras elásticas antecede a los depósitos de grasas y de calcio en las paredes arteriales.
-A mayor pérdida de silicio más profunda es la calcificación de la placa de colesterol.
-Una arteria enferma de ateroma tiene de 10 a 20 veces menos silicio que una arteria normal.

Al restablecer la elasticidad arterial y equilibrar los valores bioeléctricos del sistema cardiovascular el silicio orgánico contribuye también a controlar la hipertensión y el depósito de colesterol en sangre.
Como podemos apreciar, la acción del silicio en la conservación del sistema cardiovascular y la prevención de posibles accidentes cardíacos o cerebrales entronca perfectamente con las teorías del doctor Matías Rath -vea lo publicado en nuestra web: www.dsalud.com- sobre la importancia del colágeno tanto en la prevención de posibles infartos -cuya causa principal sería para el médico alemán la falta de elasticidad de las arterias y su resquebrajamiento por el déficit orgánico de micronutrientes esenciales como la lisina y la vitamina C- como del cáncer -Rath sostiene que el reforzamiento de los tejidos y los vasos imposibilita la migración de células cancerígenas a través del sistema circulatorio.
El ya mencionado doctor Pedro Pérez ha constatado en su consultorio de Madrid los beneficios de incluir silicio orgánico en los tratamientos. “Actúa sobre los vasos y sobre las paredes de venas y arterias -afirma- provocando una mayor elasticidad, un mayor diámetro, evitando que se endurezcan. De esta forma podemos conseguir que el paciente tenga una mejor calidad de vida, por una parte, y por otra que tenga una mejor oxigenación, dotándole de una vía antienvejecimiento con alta calidad de vida. Creo que todavía hay que hacer más estudios, peor estoy convencido, de que si en problemas osteoarticulares funciona bien, y si en problemas cardiovasculares estamos obteniendo buenos resultados, en otras patologías, en otros órganos, como puede ser el hígado, también va a funcionar muy bien, así como en procesos postoperatorios, o en situaciones complicadas del sistema neuronal o nervioso”.

LA EXPLICACIÓN BIOELÉCTRICA 

De nuevo nos encontramos pues ante un producto de amplio espectro, lo que suele desconcertar y aterrar a los defensores del organicismo, según los cuáles cada órgano, cada sistema, es una realidad diferente que tiene que ser tratada de forma diferente, por lo que cada enfermedad exige un tratamiento y productos distintos. Sin embargo un aspecto de la naturaleza del silicio, su composición bioeléctrica podría ayudar a explicar su entender su polivalencia, a partir de la carga eléctrica de la célula y no de la naturaleza de la enfermedad.
Parece indiscutible que todos los procesos químicos de nuestro organismo acaban produciendo respuestas bioeléctricas en nuestras células. La enfermedad, el desorden del organismo, proviene y se manifiesta -al menos en gran parte- en un desequilibrio eléctrico celular que puede ser provocado por múltiples causas. Una célula en buen estado está eléctricamente en perfecto equilibrio, la carga energética de su membrana la mantiene a salvo, sus polos están perfectamente alienados y su metabolismo funciona con normalidad. Por el contrario, una célula deficiente (por agresión, enfermedad, envejecimiento…) presenta un déficit energético y sus polos desequilibrados, sin alinear.
El silicio orgánico, que está cargado en los extremos de iones positivos y negativos inestables que no dejan de girar alrededor de cada una de sus moléculas, podría pues intervenir en el organismo para restablecer la polaridad de las células deficientes liberando o intercambiando, según los casos, iones positivos o negativos. “Es una molécula inestable –nos díjo Le Ribault- y sus polos no cesan de intercambiarse. Tiene la capacidad de realinear las cargas positivas y negativas. Eso explica ciertas sensaciones cuando lo aplicas exteriormente -e,  incluso, cuando lo ingieres- parecidas a un cosquilleo”. Sería pues en cierta manera un reequilibrante iónico del conjunto del organismo cuya acción contribuiría a dar a las células la energía necesaria para defenderse contra una amplia gama de agresiones.
Normalmente, por ejemplo, la pared arterial posee carga eléctrica negativa al igual que los elementos de la sangre, plaquetas, leucocitos, hematíes, etc. Y debido a la carga eléctrica negativa de todos ellos se repelen. Sin embargo, la polución eléctrica típica de la vida moderna:, la falta de contacto directo con la tierra, el contacto con fibras sintéticas, ordenadores y aparatos de televisión, las líneas de alta tensión, los aparatos eléctricos, el humo del cigarro, la polución ambiental, etc., genera una sobrecarga de iones positivos que contribuyen a alterar el potencial eléctrico de las arterias, entre otros órganos. Empero, al invertirse dicho potencial (pasando de negativo a positivo) se favorece la fijación de los elementos electronegativos circulantes en la sangre sobre las paredes arteriales.
En este mismo principio -el reestablecimiento del equilibrio energético de la célula, como primer paso en la recuperación del cáncer- se basaron de forma explícita algunos de los tratamientos presentados en Madrid en el I Congreso Internacional sobre Tratamientos Alternativos y Complementarios en Cáncer. Desde este punto de vista casi todas las enfermedades tendrían que ver con un deterioro energético de la célula que la deja inerme ante las agresiones externas o internas y quizás por eso la condición de donador de iones del silicio orgánico le convierte en una solución eficaz para reestablecer el equilibrio bioeléctrico de todas las células del cuerpo y ayudar así al organismo en un gran número de estados patológicos.
Una serie de pruebas realizadas en el Instituto SIR Internacional por el profesor Jean Cahn constató la eficacia del silicio orgánico OS5 en alergias, asma y herpes. Incluso en las actas de la Sociedad de Ciencias Físicas de Burdeos el doctor Janet–ya en 1967- dejó constancia de sus resultados en varios centenares de enfermos de cáncer: “Influyó favorablemente sobre la evolución de un gran número de afecciones de formas y localizaciones distintas. Algunos casos reaccionaron mejor a las terapias clásicas -quimioterapia, radiaciones o cirugía- gracias al silicio orgánico. Debido a su ausencia de toxicidad nos parece que estos complejos de silicio orgánico deberían asociarse de manera sistemática a las terapias clásicas”. Cabe agregar que son muchas más las patologías en las que se han constatado los efectos beneficiosos del silicio orgánico OS5, bien administrado en su forma líquida (bebido), bien en forma de cataplasmas, compresas, unciones o gel.
Löic Le Ribault se marchó de España dejando un mensaje para todos aquellos que desde la férrea ortodoxia discuten el derecho del enfermo a elegir la terapia que desee y el del profesional a aplicar la mejor terapia en cada caso: “No es aceptable que a los enfermos se les siga obligando a escoger entre morir dentro de la legalidad o recurrir a métodos ilegales para sobrevivir”.

 

Francisco San Martín



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