REPORTAJES
NÚMERO 30 / JULIO - AGOSTO / 2001
   EL AGUA DE MAR PURIFICADA CURA DIVERSAS ENFERMEDADES

 

El agua de mar purificada extraída de grandes profundidades –bautizada como Plasma de Quinton en honor de quien hizo este descubrimiento- ayuda a curar o mejorar los síntomas de patologías tan dispares como las afecciones de la piel -incluida la psoriasis-, la desnutrición, el asma, los problemas de próstata, la artritis, la osteoporosis, la bronquitis, la gingivitis, los problemas gastrointestinales, el desequilibrio de los sistemas nervioso central e inmune, la obesidad, el cansancio, la sinusitis, la anorexia y el estrés, entre otras dolencias. Sin embargo, en España sólo está hoy autorizado su uso como complemento dietético –por tanto, no en inyecciones- a pesar de que durante décadas se han contrastado las propiedades terapéuticas de este plasma, incluso en casos de enfermedades mortales.

Aunque el conocimiento de las propiedades curativas del agua de mar se remonta muchos siglos atrás en la historia del saber humano no fue hasta principios del XX cuando el agua marina empezó a aplicarse por vía subcutánea como alternativa terapéutica para tratar y curar hasta enfermedades presuntamente mortales. Se asegura que los tratamientos dirigidos con ella por René Quinton, filósofo francés y apasionado defensor de la aplicación terapéutica del agua de mar, permitieron en su época la curación de pacientes con cólera, tuberculosis y desnutrición.

Las ideas de Quinton nacieron como consecuencia de la similitud fisiológica que encontró entre el agua de mar y el plasma sanguíneo de los mamíferos –incluidos, por tanto, los humanos- y que le llevó a inferir que quizás fuera posible curar enfermedades sustituyendo simplemente el plasma sanguíneo del enfermo por plasma marino –agua de mar- debidamente tratado. Y el caso es que la excentricidad de sus postulados y lo revolucionario de su técnica curativa le convirtieron en un hombre muy famoso a principios del siglo pasado, como bien recoge la doctora española Montserrat Palacín en un libro que está preparando -parte del cual nos ha hecho llegar-, en el que habla extensamente de ello.

El hallazgo se basaría en su propia experiencia personal. En 1897, aquejado de tuberculosis, Quinton consultó a un jesuita amigo suyo que le refirió un texto de Platón donde el filósofo griego cuenta cómo unos sacerdotes egipcios le trataron positivamente con una “cura marina” que consistía en estar en contacto con el mar y beber sus aguas previamente tratadas. Decidido a probar, Quinton sanaría en poco tiempo de su problema pulmonar, lo que le llevaría a la conclusión de que el plasma marino tenía que tener propiedades curativas en los organismos vivos. Pero sus ideas -como suele ocurrirle a quien propone una forma alternativa de pensar- le enfrentaron enseguida a la comunidad científica de la época. Quinton, tras estudiar el asunto en profundidad, llegó a concluir además que las especies no se adaptan al medio externo por efecto de la casualidad sino que, de forma voluntaria y consciente, tienden a mantener sus condiciones de origen, su medio celular interno original, que en todas las plantas y animales es similar al medio marino. Esta similitud se explica por un simple hecho: todas las especies que pueblan la Tierra proceden del mar y sus líquidos corporales son “agua de mar”. Para Quinton era obvio, pues, que el plasma marino influye necesariamente en todos los procesos vivos de la Tierra porque de alguna manera forma parte de todos ellos, desde la savia de las plantas a los torrentes sanguíneos de todas las especies.

EL AGUA DE MAR CURA

En 1904 Quinton publicaría los resultados de sus observaciones en un libro titulado El agua de mar: medio orgánico donde recoge las leyes -que él llamaría Leyes de la constancia general- en las que se sustenta su terapia marina y en el que afirma: “El agua de mar, introducida en el organismo humano, juega un papel útil en todos los casos donde el medio interno esté viciado por una causa cualquiera”.

Es decir, Quinton consideraba la enfermedad como un vicio de ese medio interno por lo que, si se limpiaba con agua de mar, se curaría. Tradujo así esta idea en una terapia que primero probaría en perros enfermos a los que sustraía una parte importante del volumen sanguíneo sustituyéndolo por agua de mar mezclada con agua desmineralizada y llevada a una concentración isotónica (9 gramos de sales por litro, la misma concentración en sales marinas que contiene el plasma sanguíneo de los mamíferos). Y pronto observó que los perros sobrevivían perfectamente y que, incluso, en unas pocas horas aumentaban su vitalidad.

Poco después empezó a tratar con plasma marino (vea en el recuadro adjunto cómo y de dónde) todo tipo de enfermedades en humanos. Abrió entonces hospitales (el primero en 1907) -o, como él los denominó, dispensarios marinos- a los que –como explica la doctora Palacín- acudían cada día niños, moribundos y adultos con enfermedades mortales como la tuberculosis. A todos se les inyectaba agua de mar con la misma concentración de sales marinas que contiene el plasma sanguíneo humano, siendo rápida la mejoría. Muchos, incluso, sanaban completamente de sus dolencias.

“La verdad es que Quinton no hizo nada nuevo –nos explicaría por su parte Laureano Domínguez, periodista colombiano que lleva 25 años estudiando el legado de Quinton y que defiende actualmente la necesidad de reabrir los dispensarios marinos-.Simplemente recuperó algo que se había perdido, concatenó las ideas, las ordenó, escribió las leyes, las demostró y se dedicó a curar en silencio”.

El caso es que poco a poco se fueron estableciendo centros para la aplicación de sus métodos en lugares tan dispares como Egipto, Bélgica, Inglaterra o Estados Unidos y esta terapia marina vivió un auténtico esplendor en las primeras dos décadas del siglo XX. Justo hasta que la muerte de Quinton -en 1925- y otros acontecimientos prolijos de explicar hicieron que esta forma de curar fuera cayendo lentamente en el olvido, como nos explicaría la doctora Palacín: “La terapia de Quinton fue dejada de lado por los médicos de las sucesivas generaciones porque la floreciente industria farmacéutica desvió su interés hacia nuevos ‘específicos’ de moda. Y este método tan simple, sobradamente probado y exento de efectos secundarios se dejó de lado por desidia”. La irrupción de la penicilina y el caos producido por las dos guerras mundiales hicieron el resto.

EL RESURGIR DE LA TERAPIA MARINA

Corría sin embargo el año 1943 cuando, en plena Segunda Guerra Mundial, el Plasma de Quinton fue presentado en el Laboratorio Nacional de Control de Medicamentos de Francia e inscrito como medicamento bebible, inyectable y de uso tópico -es decir, externo- con una concentración de 9 gramos de sales marinas por litro. Treinta años después se le otorgaría el ANN (el equivalente al Registro Sanitario español) a un producto denominado Duplase de Quinton, con una concentración de 21 gramos de sales marinas por litro de agua y un año después al propio plasma que llevaba tanto tiempo usándose. Pero he aquí que en 1982 ambos productos perderían los ANN al no poder adecuarse el laboratorio fabricante a las nuevas normas exigidas por la Comunidad Europea. Se producía así un segundo rechazo histórico a la cura marina ideada por René Quinton que no volvería a ser reinscrito -en su fórmula hipertónica (concentración de 30/1000)- en el Diccionario de Especialidades francés hasta 1994 y sólo como complemento dietético bebible y producto alimenticio destinado a una alimentación especial.Es decir, no se autorizaba su uso vía subcutánea y perdía su condición de medicamento.

EL PLASMA DE QUINTON, HOY

A pesar de todos estos avatares, en muchos países se sigue utilizando actualmente el Plasma de Quinton de la misma forma que lo empleó el científico francés. Sus numerosos usos terapéuticos se basan en su capacidad –contrastada- para renovar, purificar y regenerar el fluido interior del organismo así como para mantener el equilibrio vital. Según los defensores de esta terapia, el Plasma de Quinton es uno de los mejores regeneradores de los mecanismos celulares. En Estados Unidos se está empleando para corregir problemas de próstata, psoriasis, quemaduras, alopecia, artritis, osteoporosis, bronquitis, asma, gingivitis, problemas gastrointestinales o desequilibrios del sistema nervioso central, entre otras patologías. Incluso se ha demostrado su eficacia para tratar casos de drogodependencia, alcoholismo y hemofilia. Y está además específicamente recomendado para problemas de piel, depresión del sistema inmune, infecciones, fatiga crónica o aguda, desórdenes de huesos en adultos, dolores del crecimiento en niños, embarazo y lactancia, abortos espontáneos repetidos, estrés y como normalizador de las deficiencias nutricionales.

En España algunos centros de medicina complementaria lo recomiendan también en casos de obesidad, estados de cansancio, sinusitis e, incluso, anorexia o desnutrición.

Y lo singular es que, a pesar de que esta terapia ha demostrado sobradamente su capacidad para curar enfermedades mortales ya en el siglo pasado, tanto en España como en la Unión Europea no se permite en la actualidad su uso más que como complemento dietético y “sólo se permite su comercialización en forma de ampollas bebibles o sprays”, como nos diría Juan Miguel Coll, director de Laboratoires Quinton, empresa que comercializa estos productos en nuestro país.

Resulta paradójico que hoy en día se limite tanto su uso aunque, afortunadamente, parece que se están revisando de nuevo en estos momentos las teorías centenarias de Quinton. Incluso se han creado centros de estudio e investigación con el propósito de disponer de datos actualizados sobre las propiedades del plasma que lleva su nombre. En este sentido, la Universidad de Barcelona y el Hospital Veterinario de Mataró llevan varios meses experimentando en animales la utilidad y capacidad curativa del Plasma de Quinton. Su trabajo supone una posibilidad de rescatar del olvido las aportaciones de un hombre que creyó firmemente que el mar -del que todos procedemos- cura. El éxito de estas investigaciones podría poner a nuestro alcance otra vez una terapia barata, sencilla y cuya materia prima -el agua del mar- pertenece a todos y podría beneficiar al común de los humanos. Y, además, ¿por qué no pensar que si del mar vino la vida de él puede venir la forma de curar a los que están vivos?

 

L. J.

 


 

El plasma de Quinton ayudaría a millones de niños desnutridos

“El Plasma de Quinton es el biberón que requieren los seis millones de niños que, según la OMS, mueren cada año”. Así de rotundo se expresa Laureano Domínguez, periodista y escritor colombiano que se ha convertido -tras 25 años de investigación- en un apasionado defensor de los estudios de Talasoterapia del científico francés René Quinton y de la aplicabilidad en humanos del plasma marino con propiedades curativas que hoy lleva su nombre y al que define como “la especialización en fisiología de la Talasoterapia tradicional”.

Domínguez trata de retomar la antorcha de Quinton y se ha embarcado en la tarea de dar a conocer su obra“con el único fin de crear conciencia entre quienes puedan impulsar la creación de dispensarios marinos en zonas de alta mortalidad infantil, no sólo para salvar vidas sino para que sirvan como cátedras de observación a la ciencia médica”.Pero su ilusión va más allá de la confirmación experimental de las propiedades curativas del plasma:“Lo deseable es que pueda convertirse en una opción al alcance de los colectivos sociales desfavorecidos que no pueden acceder a la farmacología tradicional”.Busca convencer para ello a los científicos de la necesidad de rescatar las aportaciones de Quinton del olvido. A este respecto, una victoria parcial es el hecho de que en el Hospital Veterinario de Mataró (Barcelona) y la Universidad de Barcelona se estén llevando a cabo experimentos con el Plasma de Quinton. Después de 18 meses de trabajo, un equipo de científicos de ambas instituciones consiguió que el Comité Ético de Experimentación Animal aprobara los protocolos que actualmente les están permitiendo experimentar la terapia marina de Quinton en modelos animales con enfermedad irreversible.

Laureano Domínguez sostiene incluso que es posible sustituir el plasma sanguíneo humano por plasma marino ya que el agua de mar tiene los mismos nutrientes que el plasma sanguíneo. “El agua de mar –dice-tiene 30 gramos de sales marinas por litro mientras la sangre contiene unos 9. Por este motivo, si el agua de mar se rebaja servirá perfectamente como plasma sanguíneo. El agua de mar es un suero que, además de sustituir líquidos, nutre. Podría evitar la muerte de muchas personas pero, desgraciadamente, a las multinacionales de fármacos no les conviene que se divulgue un remedio tan fácil, accesible y barato”. Y concluye: “ojalá podamos crear la inquietud entre jóvenes investigadores para que se repitan las experiencias de Quinton”.

 


 

Usos del Plasma de Quinton

El Plasma de Quinton se utiliza para tratar patologías o afecciones tan dispares como:

-Problemas de próstata.
-Psoriasis y otras enfermedades de la piel.
-Quemaduras.
-Infecciones.
-Alopecia.
-Artritis.
-Osteoporosis,
-Bronquitis.
-Asma.
-Gingivitis.
-Problemas gastrointestinales.
-Desequilibrios del sistema nervioso central.
-Hemofilia.
-Obesidad.
-Sinusitis.
-Anorexia y bulimia.
-Depresión del sistema inmune.
-Fatiga crónica o aguda.
-Desórdenes de huesos.
-Dolores del crecimiento en niños.
-Estrés. 

También se emplea en embarazo y lactancia, en casos de abortos espontáneos repetidos o para normalizar deficiencias nutricionales.

 


 

Indicaciones para su uso oral 

El Plasma de Quinton no está clasificado como medicamento sino como “suplemento nutricional revigorizante y fortalecedor de la función del organismo”. En España se comercializa con el nombre de Quinton Hipertónico (30 gramos de sales marinas por litro) en forma de ampollas bebibles que deben tomarse siempre con el estómago vacío unos 20 o 30 minutos antes de las comidas o, al menos, una hora y media después de las mismas. Puede beberse tal cual o diluido en agua, leche o zumo. Su aplicación subcutánea todavía no está aceptada ante el riesgo de necrosis aunque ya están en marcha estudios experimentales en animales en los que se está probando su aplicación parenteral. No se han descrito incompatibilidades ni efectos secundarios pero no se recomienda a personas con presión sanguínea alta ni enfermedades del riñón o del corazón.

 


 

Fundamentos de la Terapia Marina de Quinton 

Quinton observó un día que una víbora aletargada por el frío recuperaba su actividad al ser trasladada a una habitación caliente y pensó que “la naturaleza no crea a los seres vivos para dormir” y que no era lógico que esos animales de sangre fría tuvieran que pasar gran parte del año hibernando. Dedujo así que la vida debía haberse originado en unas condiciones de temperatura constantes ideales para el buen funcionamiento celular y que, a medida que el planeta se enfriaba, se producía la decadencia de especies que -como los reptiles- no encontraron un sistema para crear calor internamente al tiempo que surgieron otros (mamíferos y aves) que pusieron en marcha un sistema de termogénesis para mantener esas condiciones ideales de origen. A partir de ahí logró dilucidar que es la temperatura interna de cada especie lo que determina la fecha exacta de su aparición en la serie zoológica y enunció, así, su Ley de la Constancia Térmica: “Frente al enfriamiento del globo, la vida aparecida en estado de célula a una temperatura determinada tiende a mantener, para su elevado funcionamiento celular, esta temperatura de origen”.

Para Quinton, la voluntad de mantener las condiciones originales –la constancia del medio interno- necesarias para el máximo rendimiento celular es lo que hace evolucionar a los seres vivos. Termómetro en mano, especie por especie, comprobó su hipótesis: las especies más evolucionadas tienden a mantener las condiciones óptimas originales. Y no es precisamente el hombre el ser más evolucionado en este sentido sino las aves, cuya temperatura es más elevada que la nuestra.

La siguiente cuestión que se planteó fue qué otras características existían en los orígenes además de la temperatura. Entonces pasó a fijarse en la composición del medio interno de los seres vivos -es decir, el líquido extracelular que baña el conjunto de células y tejidos del organismo- y dedujo que la vida empezó en el agua, cuando el planeta estaba enteramente cubierto por los océanos. Por tanto, el medio interno del vertebrado es agua de mar: sus células nadan en agua marina. A partir de este supuesto, revolucionario para la época, enunció la Ley de la Constancia Marina: “La vida animal, aparecida en estado de célula en los mares, tiende a mantener, a través de la serie zoológica y para su funcionamiento celular elevado, el medio marino de origen”.

Además demostró que las especies tienen una gama escalonada de concentraciones salinas según su época de aparición. Tal es la base de la Ley de la Constancia Osmótica: “La vida animal, aparecida en estado de célula en mares de una concentración salina determinada, tiende a mantener, para su funcionamiento celular elevado a través de la serie zoológica, esa concentración de los orígenes”.

La última de sus leyes es la de la Constancia General, que dice así: “Frente a las variaciones de todo orden que puede sufrir en el curso de las eras la vida animal aparecida en condiciones físicas y químicas determinadas, ésta tiende a mantener, para su funcionamiento celular, las condiciones de sus orígenes a través de la serie zoológica”.

 


 

¿Cómo se obtiene el Plasma de Quinton? 

El agua de mar se sigue extrayendo hoy del mismo punto que señaló en su día Quinton, a 30 metros de la superficie y a 10 metros del fondo del Océano Atlántico ya que ésta es la zona de penetración solar y en ella el agua es de excepcional pureza. Una vez recogida se transporta a los laboratorios mantenida a una temperatura de 4 grados centígrados. Antes de su envasado se esteriliza en frío para que no pierda sus propiedades terapéuticas y se pasa por un microfiltro con orificios de 0,22 micras. Con esta operación -que dura menos de 48 horas- se obtiene un agua de mar hipertónica de alrededor de 30 gramos de sales totales por litro que se comercializa en forma de spray o de ampolla bebible.
 



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