REPORTAJES
NÚMERO 29 / JUNIO / 2001
   EL PODER CURATIVO DE LAS ABEJAS

 

Utilizar picaduras de abeja para curarse puede parecer una conducta extraña pero la Apiterapia (que así se llama esta técnica) no es algo nuevo y es, además de natural, muy eficaz -según quienes la practican- para tratar muchas dolencias, entre ellas, artritis reumatológicas, psoriasis, verrugas, herpes, hernias, lumbalgias, asma, enfisema, obstrucción pulmonar crónica, hipertensión, arritmias, aterosclerosis, varices, pérdida de audición o de vista y glaucoma. Además, estimula la curación de los huesos y se emplea para tratar la depresión. ¿Conoce algún fármaco con tantas propiedades?

Muchas personas se preguntarán si es verdad que las picaduras de abeja pueden ayudar a curar tantas dolencias. Pues bien, tras 20 años de experiencia personal sé que eso es así en muchos casos. Como sé que una de las cosas que más sorprenden a las personas que reciben tratamiento con Apiterapia (terapia con abejas) es que en una fase ya avanzada, tras varias sesiones, al recibir la picadura de la abeja los enfermos perciben claramente que la energía vuelve a circular por sus meridianos energéticosy que vuelven a sentir la comunicación entre los diferentes puntosde acupuntura. De hecho, los primeros acupuntores debieron observar esto en su propio cuerpo y luego practicaron con otros materiales hasta llegar a las actuales agujas de acupuntura. Es más, hay quien asegura que los chinos descubrieron la acupuntura a través de la experiencia con las picaduras de abeja.

Se sabe que ya los primeros recolectores de miel notaron, al recibir picotazos mientras trabajaban, que se les aliviaban algunos dolores. Conocimiento que se ha transmitido de apicultor a apicultor a lo largo de los siglos. Estos han asegurado siempre, por ejemplo, que las picaduras curan la artritis. Por supuesto, quienes les oyen hacer esa afirmación les miran como si dijesen la mayor tontería del mundo. Y, sin embargo, es verdad. 

UNA TÉCNICA TERAPÉUTICA MILENARIA 

Y es que la Apiterapia no es algo nuevo. Parece que Hipócrates -el “padre” de la medicina occidental- ya trataba su reumatismo con veneno de abejas y que el emperador Carlomagno (siglo VII d.C.) lo utilizaba para sus ataques de gota. Ahora bien, el comienzo de la Apiterapia moderna se sitúa en 1935 al publicarse el libro Bee Venom Therapy -Terapia con veneno de abejas- del doctor Bodog F. Beck, sin duda el mejor libro escrito -incluso aún- sobre el tema.

Nacido en 1871 en Budapest (Hungría), Bodog Beck emigraría a Estados Unidos tras la Primera Guerra mundial estableciéndose en Nueva York donde trataría con Apiterapia a miles de pacientes con excelentes resultados.

Los fundamentos pueden leerse en su libro. En él explica claramente por qué el veneno funciona en los diferentes tipos de reumatismos, artritis, artrosis y dolores musculares así como en algunas dermatosis y analiza cómo actúa cada uno de los componentes conocidos del veneno de abeja describiendo sus contraindicaciones y la conveniencia de realizar un test de alergia previo.

Obviamente, el tiempo daría nuevas pistas. Así, Charles Marz, presidente de la Sociedad Americana de Apiterapia hasta su fallecimiento en 1999 y paciente del doctor Beck, comprobaría que los puntos dolorosos son precisamente los lugares idóneos para que actúe el veneno. Más tarde, Amber Rose, de Maryland (EE.UU.), se daría cuenta -entre otros- de que esos puntos coincidían con los puntos de acupuntura que 3.000 años atrás ya habían señalado los acupuntores chinos.

Y quien suscribe descubrió hace 20 años que las abejas pican en determinados puntos que ellas “eligen”. Basta poner a una persona frente a una colmena con la zona lumbar al descubierto y el resto del cuerpo protegido para comprobar que algunas abejas se posarán en la espalda y que unas cuantas se pondrán nerviosas al pasar por determinados puntos... en los que terminan clavando su aguijón. Entiendo que se debe a que las abejas perciben una concentración de energía excesiva en ellos y, simplemente, se defienden; pero otros compañeros piensan que puede deberse a la presencia en ellos de iones positivos.

En todo caso, es curioso comprobar que incluso poniendo abejas sujetas con una pinza en zonas doloridas no pican si no es “el sitio”. Y si se las lleva a otro lugar del cuerpo y reciben esa descarga, no tardan en “defenderse” y clavar el aguijón. Es como si las abejas “supieran” dónde picar. 

NUMEROSOS TESTIMONIOS 

En España los profesionales de la salud no practican habitualmente la Apiterapia –probablemente- por falta de información. Sin embargo, entre los apicultores se utiliza “de toda la vida” en casos de inflamación del nervio ciático, en reumas -en general- y para el lumbago.
Y aunque son muchas las personas que en nuestro país se han sometido a esta terapia sólo unos pocos se atreven a confesarlo públicamente(véase el recuadro adjunto con algunos testimonios), quizás por miedo a que les tomen por locos o a que les pongan en la tesitura de tener que elegir entre una terapia u otra cuando lo mejor sería establecer una colaboración entre todas las técnicas terapéuticas.
Por supuesto, es el propio cuerpo el que, una vez puesto en marcha el mecanismo de acción del veneno, se cura. Como siempre. Por eso cuando hay demasiados factores que influyen sobre la salud -físicos, emocionales, psicológicos, ambientales, etc.-, y, al no ser todos controlables, la Apiterapia por sí sola puede no ser tan eficaz en algunos casos.

CADA VEZ HAY MÁS MÉDICOS APIPUNTORES

La práctica de la Apiterapia no ha hecho sino crecer en el  mundo. Por eso entre sus practicantes hay ya muchos profesionales de la medicina occidental que, aún a riesgo de ser tratados con desdén por sus colegas, realizan una labor importante en este terreno. Un ejemplo es el del doctor Stefan Stangaciu que practica la Apiterapia desde 1991. No en vano en su Rumanía natal tienen más de 60 años de experiencia en Apiterapia moderna y más de 2.000 de tradición. Pues bien, según este médico la Apiterapia puede ayudar en más de 500 enfermedades animales o humanas. “Las enfermedades con poco daño físico estructural –afirma-son de más fácil curación con la Apiterapia pero también en muchas enfermedades crónicas como la artritis se obtienen resultados alentadores. La eficacia, según un estudio de 101 enfermedades en 2.010 pacientes, es del 64,5%”.

Cifra significativa que hace necesario divulgar los conocimientos y aplicaciones de esta terapia entre los profesionales de la salud. Porque, como dice el doctor  Stangaciu, “esta terapia no se aplica más por desconocimiento así como por la falta de aprendizaje y de personal preparado”.

Para el doctor Hugo Aguirre, por su parte, médico y cirujano argentino que practica la Apiterapia desde hace más de veinte años, “la enfermedad es la pérdida del bienestar psicobiológico y social que ocasionan los desequilibrios, rupturas o modificaciones de los mecanismos propios de la naturaleza humana y/o de su entorno y, por eso, aunque la Apiterapia sea eficaz, el grado de eficacia depende de cada enfermo".

VENENO... EN FRASCOS 

Los avances farmacológicos, como podrá suponer el lector, hacen que hoy día existan ya productos que comercializan los ingredientes del veneno y permiten aplicarlos de forma más cómoda, rápida, aséptica y controlando la dosis.

Eduardo Lema, por ejemplo, es un médico uruguayo que fabrica esos productos desde hace ya 10 años: "En mi país hay ya 12 médicos que utilizan la Apiterapia. En el resto de Sudamérica la situación es muy dispar pero sé que está bastante difundida en Brasil y Argentina".

Allí se comercializan ya sustancias como la melitina (potente antiinflamatorio), la apitoxina (utilizada fundamentalmente en afecciones reumáticas y desensibilización de alérgicos) y el propóleo (que se emplea para enfermedades respiratorias, en quemados, lesiones de la piel, escaras de decúbito y desinfección en general).

Pregunté al doctor Lema si él y sus colegas habían observado diferencias en los resultados cuando el veneno es introducido en el cuerpo mediante la picadura directa de la abeja y cuando se inyecta mediante una jeringuilla. Esta fue su respuesta: “Algunas personas entienden que en la fracción de veneno que se evapora al extraer éste de la abeja hay sustancias farmacológicamente activas que se pierden. Pero médicos que antes utilizaban la picadura directa y hoy utilizan los inyectables dicen que no han encontrado ninguna diferencia en los tratamientos y sí muchas ventajas: la existencia permanente de producto sin importar la época del año ni la disponibilidad de abejas, la posibilidad de mezclar el veneno con una solución anestésica para hacerlo menos doloroso, la facilidad de almacenaje y traslado para las personas que viajan y, además, la eliminación del problema psicológico del paciente que debe ser aguijoneado por muchas abejas cuando con una inyección subcutánea se puede administrar el equivalente a 20 aguijonazos. Existen otras ventajas pero la más importante -desde el punto de vista médico y científico- es la de poder regular la dosis. Además, la apitoxina es homogenizada antes de la preparación de los inyectables por lo que se eliminan las variaciones del veneno que dependen de la estación del año, de la alimentación, del tipo de abejas, etc”.

Hay que añadir, para finalizar, que hoy se está investigando en dos líneas bien diferenciadas: bioquímica y clínicamente. En el ámbito bioquímico se está tratando de aislar algún otro producto del veneno de la abeja. En el ámbito clínico se investiga el tratamiento de enfermedades articulares y tumorales con animales.

Ojalá el desarrollo de estas investigaciones arroje datos nuevos y útiles sobre la efectividad de la Apiterapia.

 

Pedro Pérez Gómez

 


 

POSIBLE REACCIÓN ALÉRGICA 

La única contraindicación del veneno de abejas es la reacción alérgica, si bien el porcentaje de población alérgica a ese veneno es muy bajo. Pero no hay que confundir la reacción alérgica con la lógica hinchazón local y enrojecimiento típicos de una picadura de abeja.

La reacción alérgica presenta estos síntomas: picor abundante en diferentes partes del cuerpo -incluidas las palmas de las manos y el cuero cabelludo- y enrojecimiento de otras partes de la piel diferentes al del lugar de la picadura. Si esta reacción continúa y a los 5 ó 10 minutos de la picadura se encuentra dificultad para respirar y ocurre una bajada de tensión se está ante un shock anafiláctico. Es necesario entonces acudir de inmediato a un centro de urgencias o utilizar un medicamento apropiado si se dispone de él. Para evitar esa posible reacción se realiza previamente un test de alergia inyectando una pequeña cantidad del veneno a la persona que se va a testar. Si no hay reacción se utilizan más picaduras. En caso contrario, hay que efectuar un procedimiento de inmunización semejante al que de manera natural reciben los apicultores en su práctica diaria. 

 


 

Interacciones con el veneno de abeja 

No es conveniente tomar medicamentos mientras se está realizando esta terapia. Además, se deben respetar las horas de la digestión. Tampoco se puede utilizar en caso de padecer diabetes así como si se tiene tuberculosis, anemia, sífilis, gonorrea, enfermedades infecciosas agudas, úlcera gástrica, tumores malignos o cardiopatías. Ni someterse a ella durante el embarazo o el periodo menstrual. Se debe suprimir además la ingesta de alcohol ya que contrarresta el efecto curativo del veneno de abeja. 

 


 

¿Qué se puede tratar con Apiterapia?    

Hay evidencias de que la Apiterapia es efectiva en diversas patologías. Estas son algunas: problemas de piel (eccema, psoriasis, úlceras tópicas y verrugas), infecciones bacterianas (laringitis y mastitis), infecciones virales (verrugas y herpes simple 1 y 2), enfermedades reumatológicas (artritis reumatoide, osteoartritis, artritis traumática, espondilitis, artritis psoriática, codo de tenista y bursitis), dolencias cardiovasculares (hipertensión crónica y/o aguda, arritmias, aterosclerosis y varices), problemas pulmonares (obstrucción crónica pulmonar, enfisema y asma), afecciones de los sentidos (pérdida de audición, vista, glaucoma, diplopia e iritis), problemas ortopédicos (estimula la curación de los huesos) y depresión.

 


 

Componentes del veneno de abeja 

Melitina: es el responsable del dolor y el picor en el veneno de abeja. Tiene poderosas propiedades bactericidas y citotóxicas. Produce los síntomas de inflamación a través de la liberación de histamina. Estimula la pituitaria para liberar ACTH, que estimula las glándulas suprarrenales para producir cortisona, responsable de la respuesta del cuerpo para la autocuración. Es cien veces más potente como antiinflamatorio que la hidrocortisona según pruebas realizadas en ratas con artritis.

Péptidos: llevan a la liberación de la histamina que produce los síntomas de inflamación (hinchazón, picor, enrojecimiento, calor) e incrementa la memoria reciente en ratas (test del laberinto).

Apamina: refuerza la transmisión sináptica a largo plazo y acorta la duración del potencial de actuación de un nervio.

Hialuronidasa: disuelve el ácido hialurónico que conecta las células haciendo más permeable el tejido o el espacio extracelular. Eso facilita el transporte de las sustancias curativas y la eliminación de los desechos o sustancias tóxicas del área dañada.

Dopamina: es un neurotransmisor que aumenta la actividad motriz. Es deficiente en pacientes con Parkinson y excesiva en pacientes psicóticos tratados con medicamentos neurolépticos. La dopamina, junto con la serotonina y otras catecolaminas, están implicadas como factores en las depresiones.

Adolapina: tiene un efecto analgésico.

 


 

TESTIMONIOS DE CURACIÓN

A Jesús Manuel Susilla se le determinó en un primer diagnóstico médico que sufría una lumbociática. Luego, una exploración con resonancia magnética establecería que tenía una hernia discal entre las vértebras L4 y L5. Comenzó entonces un tratamiento de reposo con analgésicos, antiinflamatorios, rehabilitación, etc. Y como no mejoraba probó con acupuntura, homeopatía, plantas medicinales y quiropráctica... que tampoco le libraron de sus angustiosos dolores.

Después de cuatro meses de dolores, angustia y sin poder apenas dormir, este hombre pidió a Pedro Pérez –apicultor, apiterapeuta y autor del artículo central de este reportaje- intentarlo con Apiterapia. Pues bien, a partir de la primera sesión ya pudo dormir por las noches, moverse sin sufrir tan intensos dolores y, sobre todo, empezó a pensar que no se iba a quedar así para siempre. Luego, tras un tratamiento de siete sesiones a lo largo de un mes, sus dolores fueron desapareciendo y se recuperó anímicamente. Volvió a trabajar y a practicar sus actividades preferidas, entre ellas tocar la batería. “Y todo ello –explicaría- sin tener que depender de ningún medicamento, ni tratamiento de rehabilitación, ni intervención quirúrgica alguna.”

Otro testimonio interesante es el de Juan Manuel García Merino a quien en 1984 le diagnosticaron una hernia discal en las vértebras L4-L5 y al que le dijeron que si no era intervenido quirúrgicamente podría terminar en una silla de ruedas, según palabras del neurocirujano que le exploró. Tras la operación, este hombre estuvo mucho tiempo en rehabilitación y a los seis meses se incorporó a su trabajo si bien muy limitado de movimientos y con la prohibición médica de realizar esfuerzos intensos o coger demasiado peso.Probó entonces con Acupuntura, Quiromasaje y Fisioterapia e, incluso, acudió a la Unidad del Dolor de la Fundación Jiménez Díaz... pero siempre sucedía lo mismo: “una mejoría inicial para luego tener una recaída cada vez más fuerte y en menor espacio de tiempo".

Su esposa leyó entonces un artículo sobre Apiterapia y su marido decidió probar “aunque no muy convencido después de todo lo que había probado. Pero fue como empezar de nuevo a vivir, sin dolores desde el primer día, haciendo cosas que hacía muchos años que no hacía; y lo más importante: perdí el miedo a mi lesión. Me sentía seguro de mí mismo y mi hijo Fernando conoció por fin a su padre sano”.

El tercer caso del que hablaremos es el de Fernando Cortijo Cerro, vecino de Daganzo (Madrid). Sufría lumbago y le recetaron antiinflamatorios y relajantes que no le aliviaban el dolor. Hoy su situación actual es buena. Desde el primer día de aplicación de la Apiterapia trabaja normalmente y, de forma voluntaria, dejó de tomar medicamentos. Pero no se lo he comentado a los médicos –confesaría-, sólo a los compañeros y a gente conocida; y se quedaron asombrados”.

 

L. J.
 



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