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| LAS
PROPIEDADES CURATIVAS DEL AJO |
Hay un producto natural
en la naturaleza que destaca entre los demás
por sus múltiples propiedades. Se trata del
ajo. Fruto del mismo grupo de plantas
que la cebolla y la cebolleta -cuyas propiedades
son también dignas de resaltar y así lo haremos
en un próximo número-,
constituye
uno de los remedios curativos más eficaces
y baratos de la farmacopea natural.
Todas las civilizaciones han sido conscientes
de las propiedades del ajo. Tanto en Oriente
como en Occidente. Por eso todas lo han utilizado
como condimento en la alimentación o como
remedio natural en múltiples casos de enfermedad.
De ahí que sea el remedio preferido de los
naturópatas y esté en multitud de productos
de herbolario.
Sus presuntas propiedades llegaron a ser tantas
-atendiendo a los distintos expertos- que
se llegó a pensar que muchos de los efectos
que se le achacaban tenían que pertenecer
a la fantasía. Sin embargo, nuestros conocimientos
actuales confirman que la sabiduría ancestral
de este producto estaba justificada. Se trata
de un auténtico producto-milagro.
Así, hoy sabemos que el ajo es una excelente
fuente de vitaminas -A, B1, B2 y C- que combate
las infecciones bacterianas, microbianas y
víricas (el ajo es 50 veces más potente desinfectante
que el alcohol de 90 grados o el zumo de limón)
además de ser un potente antiinflamatorio.
Está demostrada su efectividad para combatir
microorganismos resistentes a ciertos antibióticos
-destruye las bacterias patógenas en los intestinos
sin dañar la flora natural que interviene
en la digestión- y además aumenta las defensas
naturales del organismo. Y no sólo combate
los parásitos intestinales sino que expulsa
lombrices como la tenia.
El ajo está igualmente indicado en las enfermedades
cardiovasculares ya que es un excelente dilatador
de los vasos sanguíneos, mejora la circulación,
combate la arterioesclerosis y descompone
el llamado colesterol malo ayudando a regular
su nivel en sangre y evitando que se deposite
en las arterias. Disminuye la tensión arterial
preveniendo la hipertensión. Asimismo, alivia
el dolor de cabeza y las neuralgias. Es igualmente
útil para prevenir las varices y las hemorroides
al evitar el estreñimiento.
También está indicado en problemas del aparato
respiratorio como el resfriado común, el asma,
la gripe, las enfermedades bronquiales, la
tuberculosis, la sinusitis y la tosferina.
Es además un buen expectorante.
Ayuda en los problemas musculares (tensión
muscular, artritis, artrosis, reumatismo,
gota y ciática) siendo eficaz en los problemas
renales y en el dolor de muelas.
Combate el acné, las verrugas, las picaduras
de insectos e, incluso, el pelo canoso si
se fricciona directamente sobre el cuero cabelludo.
Diurético, ataca el ácido úrico y la diabetes.
Estimulante, eleva el tono vital combatiendo
la fatiga crónica.
Posee además una indudable acción terapéutica
en el hígado, en el páncreas y en las glándulas
tiroidea, pituitaria y suprarrenales.
En cuanto a las formas, el ajo se puede comer
crudo, picado, machacado, cocido, frito, asado,
en forma de aceite, en cápsulas, en tabletas,
en bebidas preparadas, macerado en agua o
en alcohol, inhalado y aplicado directamente
en forma de cataplasmas, emplastos o compresas.
CÓMO COMBATIR SU
FUERTE OLOR
El problema del
ajo natural es que su consumo puede provocar
un fuerte y desagradable olor a través del
aliento. Claro que eso dependerá del estado
de nuestro estómago porque lo cierto es que
si no tiene problemas el olor será mucho menor.
De hecho, si el olor es muy fuerte seguramente
se deba a que hay dispepsia o dilatación de
estómago.
Puede combatirse masticando -por su alto contenido
en clorofila- hojas frescas de perejil, de
menta fresca o de apio. Al finalizar, enjuáquese
la boca con agua y unas gotas de limón. Y,
si lo desea, prepare una infusión de tomillo,
eucalipto, romero o manzanilla (entre otras);
perfuman el aliento.
Esa es precisamente la razón de que se comercialice
en tabletas y cápsulas. En todo caso, si bien
resulta más cómodo este sistema es más efectivo
-y barato- tomar el ajo natural.
José
A. Campoy
LA RECETA TIBETANA
Desde hace varios
años circula en España -mediante fotocopias
caseras- una receta que se atribuye a un viejo
texto escrito en caracteres antiguos y encontrado
en 1972 en un monasterio budista tibetano. Ignoramos
si la historia es auténtica pero, en cualquier
caso, la receta no deja de ser similar a muchos
otros preparados elaborados con ajo que se preparan
desde hace cientos de años en Europa.
Según su autor -sea este tibetano o no-, el
preparado "ayuda a limpiar el organismo de
grasas y lo libera de cálculos. Mejora el metabolismo
y, en consecuencia, todos los vasos sanguíneos
se hacen elásticos. Disminuye el peso del cuerpo
llevándolo a su peso normal. Deshace los coágulos
de la sangre, cura el diagfragma y las enfermedades
de miocardio, la arteriosclerosis, la isquemia,
la sinusitis, la hipertensión y las enfermedades
broncopulmonares. Hace desaparecer por completo
el dolor de cabeza, cura trombosis del cerebro,
la artritis, la artrosis y el reumatismo. Cura
la gastritis, la úlcera de estómago y las hemorroides.
Absorbe todo tipo de tumores internos. Cura
los disturbios de vista y oído, la impotencia
y todo el organismo de recupera".
Hasta aquí las indicaciones que, según se afirma
en la fotocopia que circula, tiene el preparado.
Obviamente, algunas de las propiedades que se
achacan al ajo son conocidas y están comprobadas.
Otras, son exageradas. Las hemorroides, por
poner un ejemplo simple, pueden mejorar y aliviarse
pero no se "curan" en ningún caso salvo operación
quirúrgica. Y lo mismo puede decirse de otras
de sus supuestas propiedades curativas. No obstante,
es un remedio útil y eficaz. Y aunque la maceración
en alcohol que se propone no es absolutamente
necesaria es el método más utilizado en la antigüedad
para conservar las propiedades de ciertos productos.
Esta es la receta:
Triture 350 gramos de dientes de ajo bien pelados
y mézclelos luego con un cuarto de litro de
aguardiente puro en un frasco. Ciérrelo herméticamente
a continuación y déjelo macerar en la nevera
durante diez días. Transcurrido ese tiempo,
saque el frasco de la nevera, cuele el contenido
con un colador de gasa (apriete bien para que
salga todo el jugo) e introduzca el líquido
en un frasco limpio dejándolo de nuevo en la
nevera otros dos días.
A la mañana siguiente puede empezar a consumirlo
usando un gotero para mezclar el líquido con
agua o leche y tomándolo antes de las comidas.
Tome el preparado de ajo en gotas según la siguiente
tabla:
|
DÍA
|
DESAYUNO
|
COMIDA
|
CENA
|
|
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
|
1
4
7
10
13
16
12
9
6
3
15
25
|
2
5
8
11
14
17
11
8
5
2
25
25
|
3
6
9
12
15
18
10
7
4
1
25
25
|
Se continuará tomando 25 gotas diarias en
cada comida hasta que se termine el preparado.
La receta que circula indica que no se podrá
repetir esta terapia hasta haber transcurrido
al menos 5 años.
OTROS PREPARADOS CASEROS
Jarabe para la
tos y las bronquitis:
Vierta en un cazo medio litro de agua y llévela
al punto de ebullición. Cuando haya hervido,
apague el fuego y a continuación pique finamente
50 gramos de ajo pelado y échelo en el agua.
Tape luego el cazo y deje reposar la mezcla
doce horas. Finalmente, añada miel y bata la
mezcla hasta que consiga la consistencia de
un jarabe. Por último, guarde el contenido en
un frasco grande y tome una cucharadita tres
veces al día. Observaciones: si tiene usted
sobrepeso o es diabético no use esta fórmula.
Agua de ajo para el catarro común:
Hierva un cuarto de litro de agua y luego apague
el fuego. Machaque luego 100 gramos de ajo una
vez pelados y échelos en el cazo del agua. Tápelo
y deje macerar la mezcla 12 horas. Finalmente,
cuele la mezcla con un filtro de papel y embotéllela.
El agua de ajos debe beberse en pequeños sorbos
a lo largo del día. La medida indicada es de
unos 80 cc. diarios, por lo que el preparado
debe llegarle para tres días. El tercer día
vaya preparando otro cuarto de litro para consumirlo
el cuarto. Es mejor hacerlo así a fin de evitar
que el ajo pierda sus propiedades medicinales,
lo que podría ocurrir si lleva tiempo preparado
con antelación.
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