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| CÓMO
AFRONTAR LA FATIGA CRÓNICA Y LA FIBROMIALGIA |
Mientras
la comunidad médica convencional es incapaz
de obtener resultados satisfactorios en los
casos de fatiga crónica Y fibromialgia
hay profesionales sanitarios alternativos
y médicos con formación convencional pero
dedicados al estudio y la práctica de medicinas
llamadas complementarias o alternativas que
han probando sobradamente que ambas dolencias
pueden ser tratadas con éxito utilizando un
enfoque y aproximación multidisciplinar específico
y adaptado a las necesidades individuales
y particulares de cada paciente o persona
afectada. Se lo explicamos.
Denostada
durante años como si se tratara de una dolencia
imaginaria o de una invención de quienes la
padecían, la Fibromialgia -como parte
integrante del gran cuadro clínico que representa
el Síndrome de Fatiga Crónica- ha sido
aceptada recientemente como una condición
médica diagnosticable y tratable o, al menos,
considerada y a tener en cuenta por la comunidad
medico-científica que se empieza a sentir
responsable de su estudio, manejo y tratamiento.
Solo que mientras los médicos alopáticos o
convencionales reconocen no obtener apenas
resultados a la hora de tratar ambas dolencias
hay profesionales alternativos y médicos con
formación convencional pero dedicados al estudio
y práctica de las llamadas medicinas complementarias
o alternativas que han probado sobradamente
cómo tratarlas con éxito utilizando un enfoque
y aproximación multidisciplinar que tiene
en cuenta las necesidades individuales y particulares
de cada enfermo.
Durante mucho tiempo tanto el Síndrome
de Fatiga Crónica como su manifestación
neuromuscular más importante y extendida,
la Fibromialgia, estuvieron consideradas enfermedades
de probable origen infeccioso. Y según las
últimas estadísticas hoy sufren alguna de
esas dos condiciones más de 90 millones de
personas. De las que según los Institutos
Nacionales de Salud de Bethesda (Maryland,
EEUU) -el equivalente al Ministerio de Sanidad
en España- las más afectadas son las personas
de raza blanca y, sobre todo, las mujeres
(cuatro de cada cinco casos).
No fue sin embargo hasta 1988 cuando el Centro
Nacional para el Control de Enfermedades Infecciosas
de Atlanta -sito en Georgia (EEUU)- definió
ambas entidades clínicas y éstas adoptaron
su actual nombre y consideración. Hasta entonces,
y durante décadas, la gente se había referido
a ese extraño mal con diferentes nombres,
algunos de lo más pintoresco y variopinto.
En el siglo XVIII, por ejemplo, se referían
a esa condición como "el mal de los vapores"
mientras dos siglos después, tras la I Guerra
Mundial, se la definía como "el mal del
corazón de soldado". Finalizada la II
Guerra Mundial se la rebautizaría como la
"neurastenia del soldado" y posteriormente,
ya con referencias específicas a su sintomatología,
como Síndrome miofascial, Fibrositis dolorosa,
Miofascitis, etc. Hoy se la denomina Mieloencefalitis
en el mundo anglosajón y Síndrome de Fatiga
Crónica en el resto considerándose la
Fibromialgia una manifestación particular
de la primera.
En cuanto a la posible causa -o causas- hay
que decir que los investigadores se han esforzado
sin éxito en hallarla. A nivel convencional
se la ha relacionado con el virus de Epstein
BAAR, las cándidas, los herpes y los citomegalovirus.
En cambio, la visión de la medicina alternativa
-y más concretamente de la Medicina Biológica-
es que el principal origen -no el único- probablemente
esté en una suma de diversas infecciones simultáneas
que primero hay que identificar para poder
tratarlas al tiempo que se fortalece el sistema
inmune del enfermo, especialmente si se encuentra
deteriorado. Este principio de actuación básica
fue ya propuesto en Alemania por el doctor
Hans Heinrich Rekeweg a mediados de
los años 50 del pasado siglo XX y expuesto
en su magistral obra Matrix and Matrix
Regulation. Es obvio, sin embargo, que
su propuesta de potenciar las defensas del
organismo para combatir las infecciones -método
que bautizara como Sistema de la gran defensa-
ha sido ignorado por gran parte de la comunidad
científica. Y lo ha ignorado en el caso que
nos ocupa... y en otras muchas patologías
a pesar de no tener explicación para la mayor
parte de los fenómenos desencadenantes de
los procesos que llevan a la enfermedad así
como de sus diferentes estados vicariantes
y regresivos -tanto espontáneos como inducidos-.
Y no sólo eso sino que ha seguido un patrón
técnicamente erróneo de observación y modificación
clínica basado en patrones estadísticos y
no verdaderamente investigativos o empíricos
sobre los que sí se asientan las bases y fundamentos
de la biología y la vida.
Los procesos que desembocan en la enfermedad,
por tanto, siguen siendo ignorados por la
Medicina que mantiene un ejercicio obstinado
y redundante de disgregación efectiva entre
las Ciencias de la vida -la Biología,
la Fisiología, la Bioquímica, etc.- y las
Ciencias Médicas. Un error que -sobre
todo ante la creciente exigencia de petición
de respuestas por parte de los enfermos- va
a obligarles a revisar sus actuales planteamientos
y olvidar su histórico alineamiento con la
industria farmacéutica a fin de buscar soluciones
que no estén mediatizadas o promovidas por
ella y respondan no a sus intereses sino a
los de las personas que sufren. Y no se trata
de negar la importancia que la industria farmacéutica
y sus productos tienen aún hoy en su campo
de acción específico sino de que se mantengan
dentro de los límites que marcan el sentido
común y el conocimiento de las disciplinas
implicadas en los cuidados dispensados a los
humanos.
EL
SÍNDROME DE FATIGA CRÓNICA Y LA FIBROMIALGIA
Llegados a este punto hay que decir que como
tanto el Síndrome de Fatiga Crónica como
la Fibromialgia tienen síndromes clínicos
de una complejidad extrema es obvio que la
respuesta a los mismos tampoco se puede dar
de modo unidisciplinar sino que habrá que
contar con elementos procedentes de diferentes
áreas de estudio investigación, conocimiento
y práctica.
Hoy está ampliamente aceptado por la comunidad
científica que uno de los primeros síntomas
que aparecen es la fatiga extrema que parece
desarrollarse de modo repentino acompañada
de una miríada de síntomas, frecuentemente
tras una infección. Todavía no existen tipos
estándar de pruebas médicas aceptadas para
determinar con exactitud el padecimiento de
estas dolencias de modo que en estos casos
es muy importante la exactitud de la historia
clínica reflejando pormenorizadamente todos
los síntomas, un examen físico experto y determinadas
pruebas de laboratorio.
Esos síntomas incluyen fatiga extrema que
no se resuelve o alivia con el descanso, dolor
en músculos, nervios y articulaciones, cefalea
de diferente intensidad, pérdidas de memoria
graduales e instantáneas, confusión mental
y deficiente concentración, problemas y trastornos
digestivos de diversa índole, infecciones
recurrentes, febrícula, ganglios linfáticos
inflamados, alergias y sensitividad a alimentos
o elementos medioambientales, estados cambiantes
de humor, tendencia al abatimiento y a la
depresión, signos de agotamiento o de estar
exhausto a la menor actividad...
Como síntomas menores o acompañantes -clasificados
así por los porcentajes en que se encuentran
descritos o definidos en los estudios realizados-
podríamos incluir alergias, reacciones autoinmunes,
mareos, ataques o crisis de ansiedad, sudores
nocturnos, irregularidad o pérdidas del ritmo
respiratorio, hipersensibilidad al frío y
al calor así como a la luz y al sonido, y
pulso cardíaco irregular, incluyendo bradi
y taquicardia.
El Centro para el control de las enfermedades
infecciosas de Atlanta (Georgia, EEUU)
sostiene que el padecimiento conjunto de varios
de esos síntomas durante al menos seis meses
permite colegir que se está frente a un paciente
que podría estar afectado del Síndrome
de Fatiga Crónica y/o Fibromialgia.
En todo caso, la teoría mas aceptada en Medicina
Biológica es la de que estos enfermos sufren
diferentes etapas y muchas veces su dolencia
está ocasionada -o agravada- por diferentes
infecciones agudas, subagudas y crónicas -en
concurrencia, simultaneidad, aisladamente
o en alternancia- que van minando y deteriorando
poco a poco y de forma implacable el sistema
inmune. Hasta hace poco la comunidad médica
no aceptaba esta posibilidad pero hoy existen
evidencias de que diversos agentes patógenos
pueden concurrir e incluso simultanearse en
el mismo individuo en tiempo y forma para
provocar reacciones extremas prácticamente
imposibles de manejar de modo adecuado por
el sistema defensivo, especialmente si presentaba
antes daños anteriores, muchas veces derivados
del incorrecto uso de medicamentos y antibióticos
desde niños.
En suma, en los enfermos que padecen tanto
el Síndrome de Fatiga Crónica como
la Fibromialgia suelen concurrir frecuentemente
uno o más estados infecciosos actuantes. Infecciones
parasitarias, bacterianas y virales concomitantes
que terminan por debilitar el sistema inmune
porque su actividad defensiva no puede prolongarse
en el tiempo más allá de ciertos límites sin
quedar afectado. Infecciones que muchas veces
no son conocidas por el enfermo y cuyo padecimiento
crónico puede haberle llevado a acostumbrarse
a vivir durante largos periodos con síntomas
molestos pero no limitantes que llegan a formar
parte de lo que tiende a considerar erróneamente
un estado vital "normal". Dicho esto, hay
que añadir que la severidad de los síntomas
fluctúan: a veces el enfermo carece de ellos
durante meses mientras, en silencio, la enfermedad
avanza. Es decir, que tras los ataques o brotes
más severos -lo que algunos han dado en llamar
episodios- los pacientes que sufren
estos trastornos recuperan niveles casi normales
de salud y actividad hasta que un nuevo brote
con su correspondiente cuadro de dolor aparece.
En la actualidad se están haciendo descubrimientos
interesantes en el campo del diagnóstico y
del establecimiento de los pacientes con Fibromialgia
y/o Síndrome de Fatiga Crónica que
van -si cabe- un poco mas allá en el esclarecimiento
de esta enfermedad. Descubrimientos como el
del Centro Internacional para el Estudio
de las Enfermedades Cerebrovasculares en
Santa Mónica -California (EEUU)- donde el
Dr. Murria R. Susser ha conseguido
realizar un estudio comparativo sobre las
diferencias en la circulación cerebral tras
un periodo de ejercicio moderado entre personas
afectadas y personas sanas que evidencia que
la circulación en los afectados por el problema
empeoraba de tal modo que los niveles de saturación
de gases y el pH en sangre y orina aumentaba
dramáticamente en comparación con los de las
sanas. Hasta unos niveles de acidificación
extrema en algunos casos que los situaba cerca
de límites patológicos. Pero si este descubrimiento
llamó la atención de los investigadores lo
que realmente fue escandaloso sería observar
el empeoramiento en la circulación cerebral
referida en el duplex-doppler transcraneal
y el mapeo regional en tiempo real que revelaron
descensos de hasta un 35% en regiones determinadas
y diferenciadas en cada individuo, circunstancia
ésta que es determinante para el comportamiento
del sistema nervioso central y sus reacciones
a situaciones de estrés o trabajo excesivo
en los pacientes afectados y que rara vez
es comprendido por los facultativos que les
atienden ya que a día de hoy la traducción
en términos de sintomatología derivada de
estas reacciones todavía está sin precisar
en términos cuantitativos de modo adecuado.
Al mismo tiempo se realizaron tests sanguíneos
específicos que indicaban cómo los pacientes
afectados por la enfermedad revelaban un decrecimiento
en los niveles de cortisol y hormonas tiroideas
en sangre después del ejercicio (hormonas
que, como es sabido, son tremendamente importantes
en la regulación de funciones vitales y para
lidiar con las situaciones de tensión y estrés
físico y emocional).
CAUSAS
DE LA ENFERMEDAD
En suma, ¿cuáles son entonces las causas de
la Fatiga Crónica y la Fibromialgia? Pues
pueden distinguirse varios agentes que predisponen
y otros cuyos efectos se suman. Son estos:
1)
Infecciones múltiples recurrentes (por virus,
bacterias, hongos, parásitos, etc.)
2)
Deficiente funcionamiento del sistema inmune.
3)
Toxicidad (habitualmente por mercurio, plomo,
cadmio, aluminio, tolueno, benceno, etc.)
4)
Carencias enzimáticas.
5)
Alergias.
6)
Deficiencias nutricionales (ortomoleculares).
7)
Elementos relacionados con el estilo de vida
(estrés psicológico, factores emocionales,
enfermedad cerebrovascular incipiente o no
identificada, etc.)
8)
Disfunciones tiroideas y hormonales diversas
(en hombres y mujeres).
9)
Insuficiencia adrenal severa causada por el
exceso de estimulantes como café, té, chocolate,
alcohol, colas, tabaco, fármacos...
10)
Anemia en sus diferentes variantes pero fundamentalmente
debido a bajos niveles de hierro y vitamina
B12 así como las anemias graves en evolución
durante el periodo preclínico.
11)
Causas cardiovasculares. Fundamentalmente
cuando la fatiga o el dolor es extremo en
el tórax o espalda media después del ejercicio
o en cierto tipo de esfuerzos. Normalmente
esta circunstancia de debilitamiento cardiovascular
generalizado es ignorada por los clínicos.
12)
Enfermedades mentales no diagnosticadas, fundamentalmente
los pseudosíndromes y, en general, aquellas
que no han sido debidamente identificadas
y aparecen abruptamente, a veces con consecuencias
dramáticas para el enfermo.
13)
Diabetes.
14)
Dolor crónico de cabeza.
15)
Hipoglucemia (en sus diferentes variantes
y causas).
16)
Infecciones pseudo-agudas o recurrentes (sobreinfecciones).
17)
Obesidad.
18)
Síndrome premenstrual (especialmente identificado
cuando los episodios o brotes ocurren coincidiendo
con la pre-menstruación o la menstruación).
19)
Sueño y descanso de baja calidad o inadecuado.
En definitiva, según las investigaciones mas
recientes la manifestación y evolución de
las enfermedades que nos ocupan casi nunca
se deben a la presencia de un sólo factor
desencadenante. Normalmente es necesaria la
concurrencia de elementos predisponientes
en la persona -que, sin ser patológicas en
sí mismas son modificadoras de la respuesta
frente a otros agentes patógenos- así como
de otros elementos causales y factores desencadenantes.
Podríamos decir que la enfermedad se desarrolla
pues como una combinación de factores, deficiencias
nutricionales, toxicidad adquirida (del entorno,
comidas, fármacos...), falta de habilidad
para lidiar con situaciones de estrés e infecciones
sistémicas adquiridas (sobre todo el exceso
de antibióticos, sobreutilizados en los últimos
30 años con el resultado de un sobrecrecimiento
de parásitos y bacterias, en un círculo vicioso
de baja respuesta inmunológica y más infección.
Y ello con el evidente resultado de una depleción
de las reservas energéticas y de la capacidad
de producción de energía de la propia célula
que se torna incompetente para completar su
función, entrando así en una continua espiral
descendente que entierra a las personas que
sufren la enfermedad cada vez más y más profundamente.
Y esto lo sabe bien quien la padece.
Entre los factores de consideración menor
que hay que tener no obstante en cuenta se
encuentran algunos que si bien han sido demostrados
sobradamente a ojos de la Medicina Biológica
parece que todavía son objeto de debate y
discusión para una parte de la comunidad científica,
sobre todo para los que están entregados en
cuerpo y alma a la industria farmacéutica.
Las infecciones recurrentes y las bacterias
procedentes de ellas no siempre severas -como
las cistitis, sinusitis, acné, etc.-, las
imponderables reacciones del sistema inmune
frente a vacunas e inmunizaciones, la toxemia
intestinal en todas sus manifestaciones, la
infestación por hongos, protozoos y parásitos,
el ejercicio o descanso inadecuados, los cambios
en los patrones respiratorios (hiperventilación
o respiración incompleta) propiciados fundamentalmente
por tensión muscular recíproca e incremento
en la presión diafragmática así como cambios
morfológicos debidos a factores de abandono
o descuido (abdomen prominente, falta de ejercicio,
etc.), la toxicidad proveniente del abuso
de alcohol, drogas, fármacos y de la propia
dieta -mala combinación de alimentos que propician
procesos fermentativos que originan trastornos
de disbacteriosis o disbiosis y que redundan
en un proceso recurrente de autointoxicación-
así como los trastornos bucales o dentarios
que no han sido identificados adecuadamente
y que propician la cronicidad de las infecciones
y la creación de campos interferenciales odontofocales
van a condicionar sin duda alguna la aparición
de nuevas respuestas y reacciones frente a
la enfermedad.
Y especial mención hay que hacer, por cierto,
de las amalgamas de mercurio ya que a causa
de su elevada toxicidad son capaces por sí
mismas de propiciar la aparición de trastornos
de intensidad y gravedad diversa, entre ellos
comprometer los sistemas inmunitario y hematopoyético.
Es importante señalar que la Medicina Tradicional
-y fundamentalmente la Medicina Biológica-
cree firmemente que la posición de nuestros
colegas convencionales, bastante extendida
hasta hace muy poco tiempo y hoy por fortuna
en proceso de revisión, estaba equivocada.
Sus esfuerzos por hallar una causa específica
a la enfermedad, como en el caso de otras
que sí la tienen, ha terminado por confundir
sobremanera a científicos y pacientes llevando
a los enfermos a situaciones de frustración
y confusión por la falta de perspectiva de
cara al futuro.
Abrumado por esta situación, el estamento
médico ha llegado a perder su capacidad de
escucha, observación y asistencia llegando
a negar la enfermedad o, simplemente, derivando
los enfermos hacia servicios o disciplinas
que si bien son útiles como terapias coadyuvantes
se encuentran impotentes por la falta de recursos
y de arsenal terapéutico para abordar éstas
y otras dolencias. Sin olvidar la falta de
entrenamiento y experiencia de muchos profesionales...
algo que comienza lógicamente en su falta
de entendimiento de la enfermedad.
Existen más de 2.300 virus que pueden causar
un simple catarro de los que normalmente puede
ocuparse sin problemas el sistema inmune.
Pero cuando uno de ellos alcanza una posición
tan ventajosa en nuestro organismo que no
podemos librarnos de él nos atacará de forma
crónica, algunas veces de forma abrupta, con
lo que nuestro catarro -y su sintomatología-
no se curará nunca. Y lo que es más grave,
llegará un momento en que abrirá la puerta
a otros padecimientos derivados de sus propios
efectos con lo que se producirá una cadena
de sucesos vicariante que si no se modifica
en sentido regresivo -y, por tanto, curativo-
nos conducirá de modo inexorable a un deterioro
crónico de nuestra salud general y al padecimiento
sin perspectivas de curación posible.
En la actualidad, desgraciadamente, las dolencias
que nos ocupan se han extendido hasta alcanzar
cotas de epidemia y traspasado todos los límites
demográficos y geográficos. Y a pesar de que
hoy día están reconocidas como severas, debilitantes
y altamente incapacitantes patologías aún
quedan sectores de población y profesionales
que, lejos de sensibilizarse con el problema,
presentan una actitud escéptica y estoica
frente a los pacientes que las sufren. Y es
que las autoridades sanitarias carecen de
respuestas y soluciones.
EL
PROBLEMA VA A MÁS
Mientras esto sucede el ya mencionado Centro
para el control de enfermedades de Atlanta
informaba recientemente de que el 80% de los
enfermos de estas dos dolencias son mujeres
se raza blanca que están entre los 25 y 45
años. Y las cifras siguen aumentando dramáticamente
a medida que se va extendiendo el actual criterio
y protocolo diagnóstico que, auque está lejos
de ser idóneo, al menos ha armonizado criterios
entre los profesionales y los pacientes para
comenzar a entenderse, lo que no deja de ser
un paso adelante.
Las primeras cifras conservadoras que apuntaban
la existencia de entre 4 y 6 casos por cada
100.000 habitantes han dejado pues paso a
niveles de incidencia aceptados de más de
150 casos por cada 100.000 habitantes en algunos
países. En Estados Unidos, por ejemplo, se
habla ya de 9 millones de afectados. Y se
calcula que los afectados en todo el mundo
son hoy ¡más de 90 millones!
Dicho esto, habría que acercar el criterio
de la diferenciación de síntomas que en la
Medicina Biológica se reconocen específicamente
para la Fibromialgia y que son éstos:
1)
Dolor neuromuscular y articular.
2)
Debilitamiento y fatiga extrema.
3)
Insomnio y alteraciones del sueño.
4)
Ansiedad, depresión y cambios de humor bruscos.
5)
Alergias.
6)
CTS.
7)
Tensión en la piel y debajo de ella.
8)
Mareos y sensación de inestabilidad.
9)
Ojos secos con lagrimeo ocasional incontrolable.
10)
Dismenorrea.
11)
Intolerancia al ejercicio.
12)
Grietas en uñas de manos y pies.
13)
Cefalea intensa.
14)
Síntomas de intestino irritable.
15)
Enfermedad inflamatoria pélvica o intestinal
acompañante.
16)
Irritabilidad.
17)
Sensibilidad a agentes químicos y biológicos.
18)
Urticaria y rases cutáneos de diversa intensidad.
19)
Reacciones celulares mediadas (edema angioneurótico).
20)
Niebla mental y confusión (embotamiento).
21)
Náusea espontánea.
22)
Defectos de acomodación del ojo y de la visión
general.
Es obvio que no todos los enfermos padecen
la totalidad de los síntomas mencionados.
Y como cada persona es un caso único cada
tratamiento deberá ser individualizado en
función de sus necesidades y características.
De hecho, el tratamiento individualizado ha
sido siempre la piedra angular de las medicinas
alternativas y, por tanto, representa un pilar
fundamental para todo terapeuta avezado -médico
o no- a fin de no provocar mas frustración,
dolor y sufrimiento a los pacientes.
Cabe agregar que podría también distinguirse
entre Fibromialgia primaria -que es de la
que nos hemos ocupado hasta ahora- y Fibromialgia
postraumática, aquella cuyo elemento desencadenante
es un traumatismo físico o emocional que origina
una situación de estrés insalvable y se transforma
en disparador de las reacciones subsiguientes
de la enfermedad.
CÓMO
ABORDAR ESTAS DOLENCIAS
En todo caso, y como norma general, desde
el punto de vista de la Medicina Biológica
para el tratamiento de estas enfermedades
hay que:
1)
Analizar la historia clínica del
paciente y conocer los daños humorales y celulares
que se han producido en su organismo a fin
de desvelar las complejas relaciones entre
los síntomas que presenta y su historia natural
así como la evolución que presumiblemente
tomará en atención a cuantas circunstancias
modificadoras podamos identificar a la hora
de diseñar un programa de tratamiento adaptado
a sus necesidades.
2)
Diagnosticar adecuadamente la enfermedad.
La correcta identificación y clasificación
de los síntomas y síndromes es vital. Hay
que saber además si se padecen enfermedades
que pueden estar enmascaradas bajo diferentes
afecciones.
3)
Identificar el mayor número posible de causas
antes del tratamiento. Hay que encargar un
mapeo electrodérmico, análisis de sangre,
orina y heces, mapeo de la función cerebral,
dopler transcraneal, termografía infrarroja,
tests inmunológicos o de alergias, exámenes
en fresco y cultivos de los líquidos articulares
y otros fluidos, marcadores específicos en
suero, dinamometrías y pruebas funcionales,
exámenes completos de la función digestiva,
etc. Sin olvidar la eliminación de infecciones
mediante dieta o medicamentos específicos,
las autovacunas, la terapia biológica y el
auto-sanguis gradual.
4)
Desintoxicar el organismo. Hay que eliminar
del cuerpo los metales pesados y metaloides
acumulados así como las amalgamas dentales.
Y seguir una dieta adecuada con suficiente
aire, agua y todos aquellos productos o elementos
que permiten una depuración mesenquimal y
del entorno celular.
5)
Desintoxicarse a nivel emocional y/o psicológico.
La tendencia al llanto y la depresión, los
cambios bruscos de humor, el estrés emocional
y los estados de alteración psicofisiológica
han de ser detectados, aliviados y purgados.
Sobre todo aquellas emociones que por su elevada
toxicidad pueden producir interferencias importantes
o condicionar la evolución, como el miedo
a no hallar una cura definitiva o al dolor.
Pueden emplearse diferentes terapias, desde
aquellas que trabajan sobre la memoria emocional
hasta la terapia regresiva, la estimulación
cerebral profunda o las técnicas neuroquirúrgicas
avanzadas en casos complejos.
6)
Corregir las funciones hormonales
alteradas. Fundamentalmente la tiroidea y
la adreno-corticosuprarrenal. Entendiendo
la importancia de estas hormonas y cómo afecta
su presencia en nuestro organismo a una serie
de funciones y estados podremos decidir -a
través de los tests y pruebas adecuadas- qué
niveles de suplementación se necesitan para
corregir los estados deficientes o alterados
y los trastornos derivados de ellos. Un ejemplo
mas de la miopía médica que largamente ignora
estos elementos especialmente en los enfermos
etiquetados como crónicos o degenerativos.
7)
Potenciar el sistema inmune. Ante es necesario
evaluar la estructura y función del sistema
inmune ya que en ocasiones un sistema inmune
intacto puede no estar funcionando adecuadamente
o, aun en caso de hacerlo, no ser suficientemente
competente por lo que será necesario ajustarlo.
Conviene hacer una evaluación de las células
T y de las llamadas "células asesinas" y constatar
el estado de la actividad celular en sangre
orina y saliva. Deben valorarse asimismo los
cambios bioquímicos que afectan a estas funciones,
buscar el pH óptimo, controlar el mecanismo
oxidación-reducción óptimo (disminuye el estrés
oxidativo celular y los daños por radicales
libres), ver la resistividad en oposición
a la conductividad eléctrica, etc. Conviene
asimismo seguir una terapia con despolimerizantes,
quinonas y catalizadores intermediarios a
fin de regular el ciclo de producción de energía
de la célula -o ciclo de Krebs- que propicia
la autorreparación y renovación de la célula
útil y el natural reemplazo de las gravemente
deterioradas.
8)
Resolver las posibles deficiencias enzimáticas.
Teniendo en cuenta la importancia de las enzimas
en el metabolismo de los nutrientes y en la
eliminación de las toxinas del medio celular
los daños enzimáticos generan -por el principio
de condensación toxínica en el mesenquima
celular- un irreparable daño a la propia célula
que posteriormente memoriza y reproduce dicho
daño lesionando gravemente su propia información
genética y reproduciéndose con el daño original
de un modo perpetuo y vicariante en progresión
prácticamente irreversible.
9)
Identificar posibles alergias e
intolerancias -especialmente las alimenticias-
para poder tratarlas o evitarlas adecuadamente.
10)
Tratar las deficiencias nutricionales. Hay
que asegurase de que el organismo no carece
de las vitaminas, minerales y oligoelementos
que precisa para su idóneo funcionamiento.
De ahí que en ocasiones sea necesario tomar
los suplementos adecuados.
11)
Regular adecuadamente todo el proceso digestivo
evitando los problemas gastrointestinales
y el estreñimiento, causa corriente de intoxicación
del organismo.
12)
Erradicar los hábitos de vida erróneos. Si
es preciso, con el tratamiento terapéutico
psicológico adecuado a cada caso.
En suma, el lector debe saber que un tratamiento
integral y no simplemente paliativo puede
ayudarle a mejorar notablemente, cuando no
a curarse.
José
Manuel López
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