Las autoridades españolas decidieron absurdamente en 2008 soterrar las líneas de alta tensión para que sus campos electromagnéticos no afecten a las personas que viven en sus cercanías. En Madrid, por ejemplo, se anunciaría el soterramiento de 126 kilómetros de cable y el blindaje de las 16 subestaciones eléctricas que Iberdrola tiene en la ciudad. Solo que el blindaje de las subestaciones no va impedir que si explotan se lleven por delante a quienes estén cerca y soterrar las líneas de alta tensión sin las medidas adecuadas no sólo puede no servir de nada sino que los campos magnéticos pueden (...)
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