Parte de la gran industria farmacéutica utiliza métodos poco éticos -cuando no ilegales- para lograr que los médicos receten sus productos. De hecho con la excusa de “informarles” sobre sus “novedades” algunos laboratorios han creado un auténtico entramado mafioso para alquilar o comprar sus conciencias con dinero, viajes, regalos… Con consecuencias muy negativas ya que se promueve así una injustificable sobremedicación con productos tan nocivos como ineficaces. Pues bien, el periodista español Miguel Jara publicó un libro en el que de manera novelada da cuenta de sus hallazgos y en él algunos de esos visitadores, arrepentidos, cuentan lo que hicieron. Sumarios: (...)
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